Los embajadores ante la ONU de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE.UU., Rusia, China, Francia y Reino Unido) y de Alemania concluyeron hoy una reunión que calificaron de "constructiva" para ampliar las sanciones a Irán por su programa nuclear.
Los seis representantes diplomáticos discutieron durante casi tres horas en la Misión del Reino Unido ante la ONU en Nueva York el contenido de una posible resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que impondría una cuarta ronda de sanciones a la República Islámica.
"Fue una reunión muy constructiva", dijo a la salida del encuentro el embajador chino, Li Baodong, quien indicó que las partes se podrían volver a reunir la semana que viene.
Asimismo, resaltó que la política que sigue la comunidad internacional en el contencioso con la República Islámica está "centrada en la diplomacia", pese a que incluye la posibilidad de castigos.
Por su parte, el embajador de Rusia, Vitaly Churkin, declaró que fue "un buen primer encuentro", pero que "queda mucho trabajo por hacer".
"Nadie quiere imponer sanciones, todos preferimos una solución diplomática", agregó.
Las negociaciones en Nueva York se han activado después de que China abandonara en marzo su tajante oposición a aumentar las restricciones económicas internacionales sobre Irán, uno de sus principales proveedores de petróleo y con quien mantiene estrechas relaciones comerciales.
Los Gobiernos favorables a las sanciones argumentan que es necesario enviar un mensaje a Irán, que ha rechazado varias ofertas para enriquecer su uranio en el exterior y no mejora su colaboración con el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).
Fuentes diplomáticas señalaron que la base de las negociaciones será un documento elaborado por EE.UU. en el que se proponen sanciones dirigidas particularmente contra las actividades económicas de la Guardia Revolucionaria iraní, por su papel en las presuntas actividades iraníes de proliferación nuclear.
La propuesta estadounidense también aumenta las restricciones existentes a las navieras iraníes, así como a sus sectores bancario y financiero, además de castigar a empresas supuestamente vinculadas con el programa nuclear de Teherán.
Al contrario que en anteriores ocasiones, los embajadores ante la ONU de las seis potencias serán los encargados de negociar desde un principio el contenido de la resolución, ya que antes esa responsabilidad recaía sobre los directores políticos de los respectivos ministerios de Exteriores.
Una vez que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, con derecho de veto, estén de acuerdo en el texto del proyecto de resolución, tendrán que convencer a los otros diez no permanentes de ese órgano para que respalden esas sanciones.
De ellos, Brasil, Líbano y Turquía son por el momento reticentes a imponer a Teherán una nueva ronda de sanciones, ya que consideran que aún hay posibilidad para las negociaciones y que un nuevo castigo sería contraproducente.