Lidge dio su peor imagen y Rivera mantuvo la perfección


El cuarto partido de la Serie Mundial dejó a los cerradores Brad Lidge y al panameño Mariano Rivera como los dos símbolos de lo que fue el triunfo por 7-4 de los Yanquis de Nueva York frente a los Filis de Filadelfia.


Mientras Lidge falló en el momento más decisivo para su equipo, dando su peor imagen en lo que va de la fase final, Rivera, a sus 39 años, el próximo 29 cumplirá 40, siguió perfecto y permitiendo a los Yanquis ponerse a un sólo triunfo del título de la Serie Mundial.


Lidge lo tenía fácil, estaba a sólo un "strike" de mantener la perfección en la fase final, pero como le ha sucedido durante toda la temporada regular, falló, y de que manera.

 

En su primera aparición en Serie Mundial desde que ponchó a Eric Hinske para conquistar el título de las mayores el año pasado, Lidge toleró el domingo tres carreras en la novena entrada dejo a los Filis al borde de perder el título de campeones que ahora todavía defiende.


El fallo de Lidge, mezcla también del acierto del bate oportuno y explosivo del tercera base Alex Rodríguez y del receptor puertorriqueño Jorge Posada, permitió a los Yanquis ponerse con la ventaja de 3-1 en la serie al mejor de siete.


"Uno siempre quiere llegar al terreno de juego y conseguir buenos resultados", declaró Lidge. "Es frustrante cada vez que no se trabaja bien".

 

Lidge reconoció que el bateo de los Yanquis siempre estuvo presente, pero todavía la serie no está perdida, si consiguen volver a Nueva York.


"Tuvieron una gran remontada esta noche. Me hubiera gustado mucho que hubiéramos ganado aquí", señalo Lidge. "Tenemos que regresar a Nueva York y seguir luchando. Espero que tengamos otra oportunidad de jugar y conseguir la victoria, o el salvamento para nuestro equipo".


Lidge había dejado atrás una temporada de pesadilla al conseguir una marca de 1-0 con tres salvados en tres oportunidades en la fase final.

 

No vio acción en los tres primeros partidos contra los Yanquis y no había lanzado en 11 días cuando ingresó al encuentro con la pizarra empatada en la novena.


Después de retirar a los dos primeros rivales, el derecho se vio en apuros. Estuvo a punto de ponchar a Johnny Damon al montarlo con dos strikes.


Pero Damon bateó de sencillo a la cuenta de 3-2, luego le robó la segunda base en el primer lanzamiento a Mark Teixeira, se levantó luego de deslizarse y le estafó la tercera sin problemas.

 

"Si yo hubiera podido poner fuera a Damon, habría sido por supuesto una entrada limpia y muy rápida", valoró Lidge. "A un lanzamiento de dejar el montículo".


Lidge golpeó luego a Teixeira con un lanzamiento, y Rodríguez llegó a batear. A-Rod conectó un doblete productor que le dio la ventaja a los Yanquis y Posada siguió con el sencillo de dos vueltas que dejó el definitivo 7-4.


"Lancé una recta", recordó Lidge sobre su ofrecimiento a Rodríguez. "Creo que fue realmente un lanzamiento aceptable, pero habíamos cedido mucho y hay que concederles a ellos también el mérito".


Lidge no había permitido ninguna carrera en cinco presentaciones en lo que va de la fase final. La carrera de Damon a la tercera almohadilla pareció sacudirlo.


"¿Perdió la concentración? Creo que con los dos primeros bateadores, trabajó muy bien", señaló el piloto de los Filis, Charlie Manuel. "Pero cuando le robaron (las bases), ¿perdió la concentración? No lo sé. Quiero decir, tenía problemas. Pero al mismo tiempo, comenzó bien la entrada".


Quien nunca tiene problemas es Rivera, que salió para cerrar el partido y lo hizo de forma brillante como ya es tradición en su trabajo, pero especialmente cuando está en la Serie Mundial.


Rivera se ha ganado el reconocimiento de ser el lanzador que donde todos fallan, él se crece más y siempre encuentra la manera de hacerlo mejor.


Rivera no se anda con rodeos, siempre aplica la mejor fórmula para asegurar la victoria y esta vez era sacar lo antes posible los tres últimos "outs", para lo cual sólo utilizó ocho lanzamientos para conseguirlo y sin que prácticamente le diese tiempo a entrar en calor.


Mientras que en lo que va de la fase final se ha caracterizada por los fracasos de los cerradores, una lista que incluye a Justin Papelbon, Brian Fuentes, Jonathan Broxton y Lidge, quien se sumó el domingo, Rivera ha sido la excepción, hasta el momento es el gran triunfador y artífice de donde están los Yanquis.


Una vez, cuando los Yanquis más lo necesitaron surgió el aplomo habitual del cerrador panameño que tiene en su poder la mejor marca de todos los tiempos.


Con su vigésima tercera aparición en la Serie Mundial, Rivera quedó dueño absoluto del récord que compartía con Whitey Ford, otra leyenda de los Yanquis.


El salvamento le permitió mejor los dos récords que posee como son el de 11 logrados en la Serie Mundial y 39 en la fase final para dejar en 1.04 su promedio de carreras limpias permitidas.


"No permito que la adrenalina, la ansiedad, sea un factor en estos juegos", explicó Rivera, quien lleva ya siete entradas y dos tercios sin permitir carreras en sus últimas cinco salidas en la Serie Mundial.


Estar a las puertas del vigésimo séptimo título para los Yanquis es lo que ha esperado Rivera desde que el 2000 se cortó la racha de tres títulos consecutivos de la Serie Mundial que lograron los Yanquis.


Además quiere resarcirse del hit que le pego el cubano estadounidense Luis González cuando jugaba con los Cascabeles de Arizona y el estaba en el montículo.


De ahí que dijo que ya estaba ansioso por tener la oportunidad de sacar el último "out" del partido de hoy, lunes, en el que si se da esa oportunidad quiere decir que los Yanquis vuelven a ser campeones de la Serie Mundial ocho años después, pero con Rivera todavía en el montículo, como su símbolo ganador.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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