Los Juegos Olímpicos entrarán El 15 de septiembre en un nuevo milenio, rodeados de un ambiente y un reconocimiento internacional que en poco se parece al escepticismo que envolvió los Juegos de Atenas de 1896, organizados gracias a la voluntad de un pedagogo francés, Pierre de Coubertin, y a un reducido grupo de románticos que le secundaron.
Los Juegos, que hoy exigen sumas superiores a los 2.500 millones de dólares (presupuesto de Sydney"2000), comenzaron a andar hace un siglo merced al millón de dracmas (4.000 dólares al cambio actual) donado por el arquitecto griego Georgios Averoff.
Sólo 280 atletas, muchos de ellos simples aventureros que nunca habían participado en una competición deportiva, se inscribieron en las pruebas olímpicas y únicamente doce países se atrevieron a viajar hasta Atenas para enfrentarse al equipo local.
Los Juegos de la Antigüedad, cuyo origen se pierde en el tiempo, dejaron de disputarse cuando en el año 392 el emperador Teodosio, natural de Segovia, los prohibió por su carácter pagano e inmoral. Quince siglos después, en 1892, Coubertin habló por primera vez en público de su intención de recuperar los Juegos y, tras fundar el Comité Olímpico Internacional en 1894 y ganarse el respaldo de la monarquía griega en los meses siguientes, el 6 de abril de 1896 asistió complacido a la inauguración, ante 70.000 personas, de los I Juegos de la Modernidad.
Pese a la espectacular evolución experimentada desde entonces, la edición primera de los Juegos ya ofrecía algunas de las pautas que iban a sobrevivir al paso del tiempo. Así, el corto programa de competición incluía los deportes que, aún hoy, más gloria dan a los Juegos: el atletismo, la natación y la gimnasia.Completaban el calendario el ciclismo, el tenis, la esgrima, la halterofilia, el tenis y, naturalmente, la lucha grecorromana. No había pruebas femeninas ni por equipos.
Tampoco faltó entonces el orgullo nacionalista, ese sentimiento que ha empujado a tantos ganadores a dar la vuelta al estadio ondeando su bandera.Edwin Flack, campeón en 800 y 1.500 metros, y John Pius Boland, campeón individual y en dobles de tenis, fueron inscritos como ingleses pero después pidieron que se les considerase, respectivamente, australiano e irlandés.
Esa no fue la única curiosidad relacionada con John Pius Boland.Este joven estudiante de Oxford viajó a Grecia como espectador, pero un amigo suyo, miembro del comité organizador, le convenció para que se inscribiese en alguna prueba. Eligió el tenis y se hizo con las dos medallas.
La calidad de los primeros atletas olímpicos no fue, en verdad, sobresaliente, pero el público griego los acogió con entusiasmo y llenó cada una de las instalaciones.Sin embargo, la locura colectiva alcanzó cotas insospechadas con la victoria de Spiridon Louis en el maratón, la prueba que quería conmemorar la gesta que costó la vida al soldado Filípides en el año 490 A.C..y de cuya autenticidad hoy se duda.
Sólo diecisiete hombres, once de los cuales eran griegos, se atrevieron con los 40 kilómetros previstos. Después de que la mayoría abandonase por el camino, Spiridon Louis entró en solitario en el Estadio Olímpico y fue recibido no sólo con una ovación atronadora, sino también con el abrazo de los príncipes Jorge y Constantino de Grecia, que corrieron junto a él los últimos metros de la prueba.
Después de la gloria Louis se retiró a su pueblo, donde se dedicaba a las tareas del campo, y no volvió a salir a la luz hasta 1936, cuando el Comité Olímpico Alemán le invitó a los Juegos de Berlín.
El maratón de Atenas permitió también que, por primera vez en la historia del olimpismo, se descubriese a un tramposo.Spiridon Belokas, tercero, fue acusado de hacer parte del recorrido en carro.El propio rey Jorge le obligó a confesar y fue suspendido y condenado al olvido.
Estados Unidos se impuso en el medallero final gracias a su buena actuación en las pruebas de atletismo, que dominó a excepción de los 800 metros, los 1.500 y el maratón. El primer campeón olímpico de la era moderna fue James Connolly, vencedor en el triple salto pese a que se equivocó con las fechas del calendario griego y llegó a Atenas sólo unas horas antes de competir.
La peculiar pista del Estadio Olímpico, un óvalo muy cerrado que obligaba a los corredores casi a detenerse en las curvas, dejó para la historia unas marcas ridículas: Thomas Burke ganó los 400 metros en 54.2 segundos y Edwin Flack los 800 en 2:11 minutos, por ejemplo.
Algo similar ocurrió con las pruebas de natación, no por las características de la piscina, sino porque se disputaron en el mar.Nadar 100 metros a estilo libre, con 13 grados de temperatura y las aguas revueltas, le costó al húngaro Alfred Hajos nada menos que 1:22.2.
El programa de 1896 incluía algunas pruebas curiosas.Así, uno de los concursos gimnásticos consistía en trepar por una cuerda y una de las distancias ciclistas eran los 100 kilómetros en pista, lo que obligó a los rodadores a dar 300 vueltas al velódromo. También había pruebas especiales para militares y levantamiento de pesas con una sola mano o con dos.
El ganador de cada prueba recibió en la ceremonia de clausura una medalla de plata y una rama de olivo.En la gran fiesta de despedida el rey Jorge I pidió que los Juegos Olímpicos se disputasen siempre en Atenas y puso en un aprieto a Coubertin, que ya había decidido que fueran itinerantes y que la edición de 1900 se celebrase en París.
Los griegos intentaron en vano organizar en 1996 los Juegos del Centenario pero, en uno de los episodios más sorprendentes del deporte contemporáneo, la sede le fue concedida a la ciudad estadounidense de Atlanta, lugar de residencia de una de las principales empresas patrocinadoras de los Juegos, la Coca-Cola.La cita olímpica volverá a su cuna con la cita de Atenas en el 2004.