El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dio hoy un plazo de dos años para que su Gobierno aligere la lenta y pesada maquinaria de la burocracia, que recibe numerosas críticas de los círculos empresariales.
"El Gobierno puede hacer mucho y necesitamos derribar el resto de la burocracia de la máquina pública que nos impide andar más rápido. No tenemos mucho tiempo. Tenemos que hacer en 24 meses más de lo que hemos hecho en seis años", afirmó Lula, en un acto navideño con indigentes celebrado en Sao Paulo.
Lula reconoció que "siempre es muy complicado" que una decisión que toma el Gobierno no sea ejecutada dos años después por culpa de la lentitud de los trámites y explicó que algunos decretos han caducado antes de cumplirse sus ordenanzas.
El mandatario aseguró que su Gobierno "se va a sentar en torno de una mesa" con representantes de los bancos públicos, la Caixa Económica Federal, el Banco do Brasil y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para analizar qué pasos se han dado ya, "qué falta y por qué falta".
El sistema burocrático brasileño se encuentra entre los más complejos y lentos del mundo, según varios estudios, lo que supone una carga para las empresas y puede suponer un lastre para la actividad económica.
Como ejemplo, las empresas brasileñas tienen que invertir un promedio de 2.600 horas al año para atender al pago de impuestos y a cumplimentar todos los formularios y certificados exigidos por las autoridades tributarias, según un estudio de la consultora Pricewaterhouse y el Banco Mundial realizado el año pasado.