El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, aseguró que el proyecto de ley que envió hoy al Congreso para cohibir los castigos corporales a los menores, incluyendo la palmada, no pretende impedir que los padres eduquen a sus hijos.
"Los críticos van a decir que estamos intentando impedir que los padres eduquen a sus hijos. Nadie quiere prohibir que una madre sea madre ni que un padre sea padre. Lo que queremos es mostrar que es posible hacer las cosas de una forma diferente", dijo Lula al anticiparse al debate que el proyecto de ley puede generar.
"Todo el mundo sabe que en la época de la palmatoria no se educaba mejor que en la época del diálogo", agregó Lula durante el acto de firma del decreto por el que envió al Congreso el proyecto de ley que prohíbe la práctica de los castigos corporales o degradantes en niños y adolescentes.
El mandatario agregó que si los castigos, los latigazos o los chancletazos resolvieran los problemas de educación, "no tendríamos tanto corrupto ni tanto bandido en el país".
El texto es una enmienda al Estatuto del Niño y del Adolescente, una ambiciosa legislación de protección al menor que entró en vigencia hace exactamente 20 años en Brasil, y fue inspirado en la legislación de 25 países que ya cuentan con leyes que prohíben a los padres darle palmadas a sus hijos.
Según el proyecto, los infractores serán advertidos por las autoridades y obligados a presentarse en instituciones de protección de la familia para recibir orientaciones o tratamiento psicológico.
Pese a que el Estatuto del Niño y del Adolescente ya prevé sanciones para los responsables por el maltrato de menores, la enmienda define específicamente el castigo corporal como una acción de fuerza física con fines "disciplinarios o punitivos" que puede resultar en "dolor o lesión en el niño o el adolescente".
En los casos más graves, en los que el castigo provoca lesión corporal, el Código Penal prevé penas de entre uno y cuatro años de prisión para quien "abusa de los medios de corrección o disciplina".
Lula dijo en su discurso que se siente una persona bendecida porque su madre nunca le pegó ni a ninguno de sus hermanos, y porque él nunca le pegó a sus hijos.
Agregó que espera que el Congreso pueda perfeccionar el proyecto de ley e impedir que sectores reaccionarios lo entierren.
El gobernante defendió un mayor diálogo entre padres e hijos en asuntos como el sexo y las drogas, por ejemplo, y criticó a los progenitores que no tienen tiempo para conversar con sus hijos pero sí para beber cerveza.
El Congreso brasileño archivó en 2003 una iniciativa similar, presentada entonces por la diputada oficialista María del Rosario pero que carecía del apoyo formal del Gobierno porque criminalizaba a los padres y preveía hasta su prisión.