El jefe de Estado brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, volvió a despachar hoy en un remozado Palacio presidencial de Planalto, creado por el centenario arquitecto Óscar Niemeyer y que estuvo cerrado por obras durante un año y medio.
La reforma de la sede de la Presidencia costó el equivalente a unos 65 millones de dólares y abarcó, entre otras obras, el cambio de todas las instalaciones eléctricas, la sustitución de antiguos pisos, una ampliación de los estacionamientos subterráneos y la modernización de todo el sistema de aire acondicionado.
Precisamente la baja temperatura del sistema de refrigeración motivó de Lula una primera queja, medio en serio, medio en broma, durante el primer acto público que encabezó hoy, en el palacio recién entregado.
"Habrán notado que todo está más bonito, pero también está mucho más frío, así que creo que voy a pedir que se corrija algo", declaró Lula sonriente, antes de sancionar un proyecto de ley en el área de defensa.
El director de Documentación Histórica de la Presidencia, Claudio Soares Rocha, explicó a periodistas que también fue restaurado todo el mobiliario y que antiguas piezas diseñadas por artistas extranjeros fueron sustituidas por otras de creadores brasileños.
Entre los muebles restaurados figuran antiguos escritorios usados por Juscelino Kubitschek, quien como presidente de Brasil decidió construir la ciudad que sustituyó a Río de Janeiro como capital.
Según Rocha, Lula decidió no utilizar en su oficina ninguno de esos escritorios, que han pasado a formar parte de la decoración del tercer piso del edificio, donde se ubica su despacho.
El Palacio de Planalto es uno de los edificios más emblemáticos de Brasilia, ciudad creada de la nada y construida desde la primera piedra entre 1956 y 1960 en medio de la región centro oeste del país.
La reforma debía haber estado lista para el pasado 21 de abril, en ocasión del cincuentenario de la capital, pero por diversos motivos las obras se atrasaron y sólo concluyeron la semana pasada.
Las obras fueron supervisadas por la oficina de arquitectura de Niemeyer, quien diseñó la mayoría de los palacios y edificios de la ciudad y todavía se mantiene activo, a sus 102 años.
Una de las exigencias del viejo arquitecto fue que la reforma no alterase en forma alguna las fachadas y el entorno del Palacio de Planalto, que está situado frente a la Plaza de los Tres Poderes y es vecino de las sedes del Supremo Tribunal y del Congreso.
Una de las características de la fachada del palacio es una rampa que conduce desde el segundo piso hasta la calle.
Según el rito de la investidura en Brasil, en lo alto de la rampa Lula esperará el próximo 1 de enero al ganador de las elecciones del 3 de octubre, para hacerle entrega de la sede de la Presidencia una vez que haya asumido el cargo ante el Congreso Nacional.