El presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, y el jefe de Estado de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, coincidieron hoy en que EE.UU. debe asumir una actitud "más enérgica" para convencer "a los golpistas de que no tienen futuro".
Zelaya fue recibido hoy por Lula para analizar la situación que está planteada en Honduras 44 días después del golpe de Estado y de que el depuesto mandatario fuera expulsado de su país, quien fue reemplazado en el poder por Roberto Micheletti, hasta ese momento líder del Legislativo.
Tras el encuentro, que duró cerca de dos horas, Zelaya insistió en que la única forma de restablecer la paz y el orden democrático en Honduras es su regreso a la Presidencia, lo que dijo estar convencido de que ocurrirá "más temprano que tarde".
Reiteró, sin embargo, que por la gran influencia que tiene en la región, para eso es necesario que Estados Unidos "sea más firme" y adopte una presión "más enérgica" sobre el Gobierno de facto.
Zelaya dijo estar "convencido de que el presidente (Barack) Obama no se va a jugar su prestigio" y ejercerá esa presión por distintas vías, aunque expresó su deseo de que no se deba llegar al extremo de las sanciones económicas.
Subrayó que más del "70 por ciento de las actividades económicas, culturales, militares y políticas" de Honduras están vinculadas en forma directa a Estados Unidos, por lo que para el Gobierno de Micheletti no será fácil resistir.
El presidente depuesto valoró el apoyo que Obama le ha prestado desde que fue desalojado del poder, el pasado 28 de junio, recordó que "patrocinó" la condena al golpe en la Organización de Estados Americanos (OEA) y dijo estar seguro que "el presidente de Estados Unidos no tiene doble moral".
No obstante, y pese a que subrayó que "Obama no tuvo nada que ver con el golpe", sostuvo que "no se puede decir lo mismo de algunos miembros" de los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
Zelaya afirmó que si regresa al poder "pacíficamente" el proceso electoral previsto para noviembre "se cumple" y que él no podrá ser candidato a la Presidencia, pues "en Honduras no hay reelección".
Pero también garantizó que "el pueblo hondureño no irá a unas elecciones ilegítimas", como consideró que serían si las convocara el Gobierno de Michelleti.
En ese sentido, dijo que recibió el respaldo de Lula para proponer a la OEA y a la ONU que se adopte como norma "el desconocimiento de las elecciones que surjan de un Estado ilegal" no solo para el caso de Honduras, sino para toda situación similar que pueda plantearse en el futuro en cualquier país.
"Se trata de que esto que pasa en Honduras no se repita", dijo.
Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, comentó que Lula respaldó esa propuesta y que también está dispuesto a conversar con Obama sobre las presiones que podría ejercer Estados Unidos.
"Es preciso que los golpistas entiendan que no tienen futuro y quien les puede decir eso con todas las letras es Estados Unidos, que tiene una influencia directa", declaró Amorim.
El ministro indicó que "preocupa la demora" para una solución del conflicto, pues "a medida que el tiempo pasa, la capacidad de que la vuelta del presidente Zelaya legitime las elecciones (previstas para noviembre) se va debilitando y eso es malo para la democracia".
Por eso mismo, insistió en que "es preciso que (Zelaya) vuelva y que vuelva rápido" y reiteró que para que eso se cumpla será clave el papel que tengan "la OEA, que el poder del derecho, y Estados Unidos, que es el poder efectivo".
Tras la entrevista con Lula, Zelaya se dirigió a la sede del Congreso, donde fue recibido por el presidente del Senado, José Sarney, y miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores, que le expresaron la "solidaridad" del Parlamento brasileño.
El depuesto presidente hondureño informó que permanecerá en Brasilia hasta mañana, cuando a primera hora viajará hacia Santiago de Chile, para reunirse con la presidenta Michelle Bachelet.