MAGISTRATURAS**En múltiples oportunidades nos hemos referido a las acciones, excelentes - que las ha habido - buenas, regulares, malas o pésimas - que también las ha habido y en demasía - de los máximos representantes de la administración de justicia. Hemos también señalado los desmanes y puesto de manifiesto las desvergüenzas. No hemos dudado cuando de defender los valores supremos que sostienen la institucionalidad democrática, se ha tratado. Esa posición la mantendremos a ultranza.
GARANTIAS**La creación de una sala especial en la Corte Suprema de Justicia, o de un Tribunal de Garantías Constitucionales, separado administrativa y funcionalmente de la primera, son algunas de las ideas que desde hace algún tiempo se vienen madurando como necesarias, con miras a destrabar la mora que en materia de recursos de amparo y hábeas corpus, agobia hoy a la atribulada Corte, incapacitada, como reconocen sus miembros, de atender con la prontitud requerida tan importantes peticiones.
DESCONFIANZA** Mientras el nombramiento de las personas llamadas a ocupar esos altos cargos siga respondiendo a consideraciones de carácter politiquero, y no a un proceso de selección, en el que se permita desempeñar un papel fundamental a la sociedad civil, de manera que se pueda esperar que llegarán las mejores y más capaces mentes jurídicas a las magistraturas, la desconfianza será la tónica cada vez que se hable del nombramiento de magistrados, ya sea del número actual de nueve, o de un número superior. El Presidente de la República tiene en esto, la última palabra.