Las abarrotadas calles de los barrios Palermo y Sur de Montevideo vibran estos días al ritmo "guerrero" del candombe, donde sus estrellas más rutilantes son las interpretes de la única comparsa de mujeres tamborileras del Carnaval uruguayo, La Melaza.
Más de cincuenta mujeres, de entre 20 y 60 años, estremecieron con su toque a los miles de asistentes a la primera de las dos jornadas del desfile de "Llamadas", una legendaria convocatoria del carnaval uruguayo protagonizada por las Sociedades de Negros y Lubolos (blancos pintados de negro) que se prolongó hasta bien entrada la madrugada de hoy.
Junto a la "cuerda" (grupo) de tambores femenina y a una innovadora banda de trece instrumentos de viento, tres zancudos y un cuerpo de más de cincuenta bailarines -entre ellos, siete hombres- dieron forma, textura y color a la "llamada" de La Melaza, que este año inspiró su escenografía en los ciclos de la naturaleza.
El amarillo (la semilla), el verde (el brote), el rojo (el fruto) y el violeta (la madurez) vistieron esta comparsa, en la que no faltaron los tradicionales personajes de la "mamá vieja", el "gramillero", portador de plantas medicinales, y la "escobillera", una mujer que realizó llamativos malabares con una escoba.
Tras participar por primera vez el pasado año en el desfile de "Llamadas", La Melaza volvió a demostrar que la suya es una apuesta que "rompe con la tradición, desde el respeto", y que entronca con el espíritu "guerrero" del candombe, como manifestó a Efe una de las tamborileras y fundadoras de la comparsa, Silvana Pirotto.
"Queremos, con ese mismo lenguaje, expresar otras cosas", señaló Pirotto, que calificó de "redifícil" el proceso por el que este grupo de mujeres -algunas percusionistas profesionales, la mayoría sencillamente amantes de la música tradicional- logró dar vida "en común" al candombe, en el que "unos tambores dialogan con otros".
De origen afroamericano, este ritmo uruguayo se caracteriza por la combinación de tres tambores: el "chico", de menor tamaño y sonido más agudo; el "piano", grande y de tono más grave, y el "repique", que completa el ritmo de lo anteriores y "juega" entre ellos, como explicó Melania D'Acosta, otra de las tamborileras.
Según D'Acosta, la fuerza es el único factor que hace diferente el repique de estas mujeres, que cargaron sobre sus hombros tambores de hasta quince kilos de peso y golpearon el "parche" -la superficie del tambor, hecha de cuero- con una mano libre y un palo en la otra, como es tradicional en el candombe uruguayo.
"No inventamos nada, lo único distinto es que somos mujeres tocando el tambor", apuntó esta integrante de La Melaza.
La Melaza remonta sus orígenes a 2005, cuando varias tocadoras de candombe se juntaron para celebrar el Día Internacional de la Mujer, y que ya cuenta en su haber con más de un centenar de personas, entre ellas, "padres, hijos, hermanos y novios", apuntó la productora, Gabriela Pintos.
Y es que, pese a tener una "cuerda" de tambores solo femenina, la estructura de la comparsa está abierta a todo el que quiera formar parte de este "movimiento colectivo", como lo denominó Ana Claudia de León, otra tamborilera.
Los vítores que el público les regaló y la afluencia de curiosos a sus ensayos semanales, los domingos por la tarde en las proximidades del Parque Rodó de Montevideo, revelan el poder de atracción de La Melaza, un término que hace referencia al residuo dulce que resulta de la fabricación de azúcar de caña.
"Somos La Melaza que ríe, somos La Melaza que llora", reza el canto que estas mujeres entonan cuando los tambores callan, para volver a entregarse después al ritmo "guerrero" del candombe.