La muerte de siete empleados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en un ataque con explosivos en Afganistán, cerró el año en el que Estados Unidos ha sufrido más bajas en ese país desde la invasión en 2001.
Este ataque es, además, uno de los más graves en la historia de los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
Un hombre que cubría con un uniforme del Ejército Nacional Afgano un chaleco con explosivos entró en la Base Chapman de Operaciones, en la provincia de Khost, y detonó su arma y mató e hirió a varias personas.
Khost es limítrofe con la región tribal de Waziristán Norte en Pakistán, desde donde los talibanes y sus aliados lanzan ataques, a través de la frontera. Un portavoz talibán atribuyó a ese movimiento el ataque en la base estadounidense.
La CIA confirmó ayer en un comunicado que en el ataque murieron siete empleados de la agencia y otros seis resultaron heridos.
Sin embargo, el director de la agencia, León Panetta ordenó que no se divulguen más detalles de los agentes “por la naturaleza de su misión y otras operaciones en marcha”.
El ataque puede ser el más letal contra la principal agencia de espionaje y operaciones clandestinas de Estados Unidos que, desde su creación en 1947, ha perdido 90 funcionarios en acción.
Los muertos y heridos, dijo Panetta en un comunicado a los empleados de la agencia, “estaban lejos de la patria y cerca del enemigo, realizando la dura tarea que debe realizarse para proteger a este país contra el terrorismo”.
A los muertos, “les debemos nuestra gratitud más profunda y prometemos a ellos y a sus familias que jamás cesaremos de luchar por la causa a la cual ellos dedicaron sus vidas: una nación protegida”, indicó Panetta.
“Ésta es la pesadilla que anticipábamos desde que fuimos a Afganistán e Irak”, dijo al diario The Washington Post, John McLaughlin, un ex subdirector de la CIA que ahora es miembro de la junta directiva de un grupo que apoya a hijos de funcionarios de la agencia muertos en cumplimiento de su deber.
“Nuestra gente a menudo está allí, en la línea de frente, sin una adecuada protección, y arriesgan sus vidas”, añadió.
También fue un año luctuoso para los aliados de Estados Unidos en la operación de Afganistán.
En 2009 murieron en ese país 107 soldados británicos, 32 canadienses, 11 franceses, nueve italianos, y ocho polacos. En total, desde 2001, han muerto en Afganistán por lo menos 1,567 soldados de EE.UU. y sus aliados.
El total de bajas de las fuerzas extranjeras este año ha sido de por lo menos 520 soldados, comparado con 295 en 2008 y 232 en 2007.
La presencia de personal de las agencias de espionaje y operaciones clandestina y de las fuerzas militares especiales ha adquirido mayor importancia en Afganistán donde el presidente de EE.UU, Barack Obama, ha ordenado una estrategia de contrainsurgencia.