El presidente de Ecuador, Alfredo Palacio, declaró ayer ante un grupo de fiscales por el escándalo originado en la falsificación de su firma por el cual renunciaron ocho altos asesores, sumiendo al gobierno en una profunda crisis política que minó su popularidad.
El mandatario rindió una versión libre sobre los hechos a la fiscal general, Cecilia Armas, quien se trasladó hasta la sede del Ejecutivo junto con otros dos altos funcionarios.