"Soy negro por fuera y ruso por dentro", afirmó a EFE, Joaquim Crima, un ruso-guineano que ha saltado a la fama por aspirar a convertirse en las elecciones locales del domingo en el primer africano en lograr un cargo municipal en este país.
"¿Emigrar? Nunca. Rusia es mi patria. Hablo, actúo y pienso como un ruso", asegura Crima, de 37 años, que llegó a este país para cursar estudios universitarios en 1989, en vísperas de la caída del Muro de Berlín, y se quedó para siempre.
Admirador del primer astronauta de la historia, Yuri Gagarin, llegó a la universidad de Volgogrado con la maleta llena de ilusiones, pero el racismo y la discriminación, emergentes entonces en la sociedad rusa, le despertaron del sueño.
Rusia no era el paraíso terrenal del que le hablaron los instructores militares soviéticos que ayudaron a Guinea-Bissau a lograr la independencia en 1974.
Ahora, Crima es ciudadano ruso de pleno derecho, está casado con una armenia, tiene un hijo de 10 años y se ha asentado en la región de Volgogrado como comerciante de sandías y melones.