Donde se divide el mundo sedentario del nómada, al menos una vez al año y bajo una fuerte agresión solar que hiere la piel y los ojos, hombres y mujeres mueven febrilmente sus cuerpos al ritmo de su música y cantos.
Es su singular diálogo con Dongo, genio del trueno, antiquísimo dios para los habitantes songhay y zarma de la aldea Simiri en Níger, África.
Le piden lluvia, porque viven en una región del planeta donde el clima es más que incierto.
Cuando las lluvias son abundantes el canto es glorioso: “¡Se acabó el hambre! ¡Se acabó el hambre!”. Este año no se sabe aún cuál será su suerte ni la de millones de seres humanos que habitamos la Tierra.
Pero si nos guiamos por la advertencia que a final del año 2007 y al mundo entero, lanzó la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Dongo y todos los dioses que guían nuestros pasos escucharán desesperados llamados desde cada rincón de la Tierra.
Tres frases de su informe anual nos dicen con claridad lo que preocupa a la FAO: “Faltan alimentos y cada vez son más caros”. “Más de 854 millones de personas en el mundo pasan hambre. "El índice de la FAO para los precios de los alimentos aumentó un 37 por ciento anual”.
La organización mundial atribuye la rápida subida de los precios, 37 por ciento, “primordialmente” al impulso de los productos lácteos y los cereales, aunque “también han aumentado considerablemente los precios de otros productos, excepto el del azúcar".
"Situado en 745,000 millones de dólares, el costo mundial de los alimentos importados superaría en aproximadamente un 21 por ciento al del año anterior, alcanzando el nivel más alto que se recuerde", reporta la FAO.
La combinación de los precios en rápido aumento y el nivel récord de las tarifas de los fletes explica también las facturas mundiales mucho más elevadas”.
La FAO pronostica que las facturas de los productos lácteos subirán hasta un 65 por ciento con respecto a 2007, mientras que para las importaciones de los aceites vegetales se prevé un aumento del 35 por ciento, lo que haría de este producto el segundo artículo más costoso de la cesta de alimentos importados anualmente.