Alvaro Uribe, el dirigente derechista que el pasado 7 agosto asumió la presidencia de Colombia en medio de una cruenta ofensiva de la guerrilla izquierdista, ha logrado cosechar un respaldo inédito en torno a su promesa de derrotar la violencia mediante el uso de la fuerza, una opción que por años estuvo archivada.
Su estricta rutina de trabajo, su agudo conocimiento del Estado y una inocultable tendencia a controlarlo todo, han convertido a Uribe, de 51 años, en el mandatario más popular de las últimas décadas y en el responsable de importar para Colombia los vientos de cambio que soplan desde los ataques del 11 de septiembre contra Estados Unidos.
222 La diferencia entre él y sus antecesores es que mientras los presidentes anteriores eran los jefes de los políticos, Uribe es el jefe de los militares.
La figura de Uribe, a quien sus simpatizantes describen como un estadista del siglo XXI, parece haber silenciado las voces que en otra época representaban oposición. Su nombre suscita, por ahora, un amplio consenso que la mayoría celebra y que sólo a unos cuantos preocupa.
El mandatario colombiano fue escogido por la revista Semana como el personaje del año, y en su escrito sobre este tema dice que lo que "más les gusta a los colombianos es que además de ser el Presidente, es el comandante en jefe".