Con el 86% de los votos escrutados tras las elecciones, el centrista "Kadima", de Tzipi Livni, aventaja en un punto al nacionalista "Likud", de Benjamín Netanyahu, a quien exhortó a formar un gobierno de unidad.
"Kadima" obtiene el 23% de los sufragios escrutados, según los datos de la Comisión Electoral Central, mientras el "Likud" llega al 22%; en diputados, la diferencia es de dos: 29 frente a 27.
El partido ultraderechista "Israel Betenu", de Avigdor Lieberman, obtiene el 13% y se convierte en la tercera fuerza con 16 escaños, en tanto que al "Partido Laborista", que hasta ahora ocupaba ese lugar, el recuento le concede el 10%.
Los resultados parciales confirman en gran medida los sondeos realizados a pie de urna, que daban al "Kadima" dos escaños más que al "Likud", y han precipitado a los líderes de ambos partidos a instar a la formación de un gobierno de unidad nacional.
La diferencia es que mientras Livni propone que ella lidere ese ejecutivo, Netanyahu considera que debe ser él quien lo presida.
En una alocución ante sus partidarios en la sede general de su partido en Tel Aviv, Livni dijo que "el pueblo ha elegido a Kadima".
"Te ofrecí antes de fijar estas elecciones unirte a un gobierno de unidad nacional bajo mi dirección para afrontar los problemas que tiene Israel y lo rechazaste", le dijo Livni al pedir a Netanyahu que reconsidere su postura, al tiempo que subrayó: "Debemos respetar la elección de los votantes".
Poco antes, Netanyahu había realizado la misma invitación pero augurando que él sería el líder del próximo ejecutivo.
"Yo seré el primer ministro de Israel. Pido a todas las fuerzas nacionales que se alineen detrás de mí para cambiar el gobierno", aseveró Netanyahu.
Según la tradición política israelí, el jefe del Estado, un cargo que en la actualidad ocupa Simón Peres -ex militante de "Kadima"- encarga la formación del gobierno al líder del partido más votado en las elecciones generales.
La ley le deja abierta, no obstante, la posibilidad de que encargue formar gobierno al candidato que más apoyos pueda recabar entre los partidos del arco parlamentario.
Clave en este proceso será el líder de "Israel Betenu", Lieberman, que con sus 16 escaños, según el recuento parcial, podría entregar el gobierno tanto a uno como a otro en caso de que "Likud" y "Kadima" no logren asociar a los laboristas en un gobierno de unidad.
El líder ultraderechista no ocultó su satisfacción por ese papel, y aunque dijo haber hablado por teléfono con Netanyahu y con Livni, declaró que "preferimos un gobierno de derecha".
Por el contrario, el jefe de los laboristas, Ehud Barak, que reconoció la histórica derrota sufrida, se mostró abierto a aliarse con cualquiera de los dos, e incluso a permanecer en la oposición.
Ante el feroz juego de transacciones que parece que se avecina en las próximas semanas en el tablero político israelí, quienes muestran mayor desencanto son los palestinos.
Según la tradición, el jefe del Estado de Israel, un cargo que en la actualidad ocupa el presidente Simón Peres, militante de "Kadima", encarga la formación del gobierno al líder del partido más votado en las elecciones generales.