Los presidentes de Pakistán y Argelia, Pervez Musharraf y Abdelaziz Buteflika, expresaron ayer el deseo de cooperar en la lucha contra el terrorismo de origen religioso que afecta a ambos países, informaron fuentes gubernamentales.
El dirigente pakistaní inició ayer una visita de Estado a Argelia, en el marco de su primera gira por el Magreb, la primera de un responsable de Islamabad en los últimos treinta años.
La estancia de Musharraf en Argel es considerada por los dirigentes argelinos como la ocasión de concluir el período de frialdad existente entre las dos partes desde hace más de 10 años.
Al principio de la crisis argelina, en 1992, Argel denunció a Pakistán como el "laboratorio" donde se forjaron centenares de terroristas argelinos enviados a Peshawar por las redes islamistas.
El Grupo Islámico Armado (GIA), en particular, dispuso en Peshawar de una base logística durante los primeros años de la crisis argelina, según denunció entonces Argel, basándose en informes preparados por sus servicios de seguridad.
La mayor parte de los voluntarios "afganos" que crearon el primer núcleo del GIA se formaron ideológicamente en las escuelas coránicas de Peshawar, afirmaron los responsables políticos argelinos.
Para reanudar una situación de "normalidad" en sus relaciones con Islamabad, Argel reclama a Pakistán la deportación de unos 200 presuntos terroristas argelinos que se encuentran todavía en ese país asiático.
Pakistán, sin embargo, sólo reconoce la presencia de 30 argelinos detenidos por su pertenencia a la organización "Al Qaeda", que dirige el terrorista de origen saudí, Osama bin Laden.