Juan Pérez, es un hombre de 48 años, obeso, con colesterol alto, fumador potencial, con un ritmo de vida muy acelerado. Sin saberlo, encaja en el perfil de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Fue ingresado al hospital por un leve infarto, cuando se enteró de que por los altos niveles de colesterol en su sangre, es decir, más de 240 miligramos, estaba padeciendo de arteriosclerosis, o el endurecimiento más o menos generalizado de las arterias.
El diagnóstico de la enfermedad provocó cambios drásticos en su dieta, empezó una jornada de ejercicios, pero siguió fumando y no llevó un control de los niveles de colesterol.
Su riesgo de morir por un infarto continuaba siendo de un 30%. Juan se convirtió en uno más de los 8 millones de personas que mueren cada año por enfermedades cardiovasculares, según la Organización Mundial de Salud.
Los latinoamericanos desconocen que el 31% de las muertes se deben a las enfermedades cardiovasculares y que para el 2010 aproximadamente 20.7 millones morirán a consecuencia de ellas, por no realizarse exámenes sencillos para detectar los niveles de colesterol en sangre, evitar la arteriosclerosis y los problemas cardiovasculares.
Un ejemplo es el estudio Corona, presentado en las Sesiones Científicas de la America Heart Association 2007, en los Estados Unidos en donde se muestra la importancia del control de la arteriosclerosis en la prevención de enfermedades y el papel de la rosuvastatina, un nuevo medicamento que para los profesionales de la salud ayudan a revertir los daños de la arteriosclerosis, es decir, reduce la cantidad de colesterol y ciertas sustancias grasas en la sangre.
Sin embargo, los científicos señalan que quienes tomaban 10 miligramos de rosuvastatina tuvieron una reducción de 8% de muerte cardiovascular, infarto de miocardio, o Accidente Cerebrovascular (ACV), estadísticamente.