Entre seis y ocho cohetes alcanzaron la madrugada de ayer el Hotel Al Rashid, un símbolo de la ocupación encabezada por Estados Unidos en Irak. El ataque mató a un soldado estadounidense, dejó heridas a 15 personas más y envió otro mensaje de resistencia a las fuerzas que ocupan el país.
El subsecretario de Defensa estadounidense Paul Wolfowitz, conmocionado pero ileso, aseguró después que "el ataque no logrará disuadirnos de nuestra misión" en Irak.
Pero el temerario ataque de las 6.10 de la mañana pone de manifiesto nuevamente la vulnerabilidad de las instalaciones estadounidenses en Irak, donde los estadounidenses reciben un promedio de 26 ataques leves diarios, y donde el subsecretario Wolfowitz evalúa los medios de vencer a la firme insurgencia que ha perpetrado ataques durante seis meses.
El moderno Hotel Al Rashid, alberga a funcionarios de la ocupación estadounidense y al personal militar.
Los atacantes aparcaron una camioneta Chevrolet en los límites de un parque, a medio kilómetro del hotel. El vehículo remolcaba lo que aparentaba ser un generador portátil de electricidad, informó la policía iraquí.
Cuando la policía iraquí se acercaba al vehículo para inspeccionarlo, los ocupantes huyeron y los cohetes salieron disparados desde dentro del remolque, aparentemente detonados por cronómetro.
Los proyectiles volaron hacia el hotel, y el impacto resonó en todo el centro de Bagdad.
Tres guardias que se aproximaban al vehículo fueron heridos por la detonación que lanzó los cohetes, informó la policía.
En el Hotel Al Rashid, los cohetes abrieron por lo menos ocho boquetes, el más grande de entre 6 y 9 metros de diámetro, y destrozaron las ventanas de una veintena de habitaciones en el costado occidental del edificio.
Las tropas estadounidenses acordonaron el área, localizada en un distrito estrictamente vigilado cerca del cuartel general de la coalición.
El ataque perpetrado ayer fue planeado durante meses por terroristas. "No hay duda de que el ataque precisó de un reconocimiento previo del área y cierta investigación, probablemente les tomó algún tiempo prepararlo, en mi opinión cerca de dos meses", indicó el general Martin Dempsey, responsable de la seguridad en la capital iraquí.
La lanzadera, a la que habían adosado trampas explosivas, estaba oculta en el interior de lo que parecía un generador remolque, como los que emplean las empresas dedicadas a la reparación de calles.
Los proyectiles impactaron en varias habitaciones situadas en las plantas séptima, novena y décima, aunque no en la duodécima, que era la que al parecer ocupaba el subsecretario norteamericano de Defensa, Paul Wolfowitz.
"No creo que el objetivo fuera el subsecretario Wolfowitz, pienso que con este particular evento perseguía intentar la reapertura del puente y el levantamiento del toque de queda", agregó Dempsey.