La nueva cadena de atentados que azotó a Irak causó al menos 42 muertos y volvió a poner en evidencia la frágil situación de la seguridad en el país árabe, tras la retirada de las tropas de EE.UU.
Al menos 42 personas murieron y otras 141 resultaron heridas en una ola de atentados perpetrados, en su mayoría, contra los servicios de seguridad en la capital y al norte de Irak.
El Gobierno iraquí culpó a los grupos terroristas vinculados a Al Qaeda de intensificar los ataques para ganar visibilidad mediática y respaldo financiero. El presidente del Parlamento iraquí, Osama al Nuyaifi pidió que los altos cargos afronten su responsabilidad por los repetidos atentados, que buscan sembrar "la discordia sectaria" y "romper la unidad".
Además, la situación de seguridad se ha agravado tras la emisión en diciembre pasado de una orden de detención contra el vicepresidente suní, Tareq al Hashemi, por supuestos delitos de terrorismo, lo que a su vez desencadenó una profunda crisis política en el país, agravando la situación de conflicto.