Una nueva ola de atentados con explosivos estremeció la capital de Irak, con un balance de por lo menos 44 muertos y decenas de heridos, cuando el país sigue atenazado por la violencia después de que extremistas vinculados con Al-Qaeda se apoderaron de dos ciudades en la occidental provincia de Ambar.
Nadie se atribuyó los atentados. Grupos rebeldes, fundamentalmente la rama local de Al-Qaeda y otros extremistas suníes atacan con frecuencia a civiles en cafés y zonas públicas, así como a chiíes y miembros de las fuerzas de seguridad.