El gobierno ruso admitió ayer que el hundimiento del submarino nuclear Kursk, donde murieron 118 tripulantes, se debió a explosiones causadas por filtraciones de combustible en uno de los torpedos, culminando una investigación de dos años sobre una de las peores tragedias de la era post soviética.
El anuncio de que la inmensa nave fue destruida por una falla interna y no por un submarino extranjero tal como se había conjeturado en algún momento es un hecho que incomoda a las fuerzas militares rusas que atraviesan por una difícil situación. El Kursk se hundió en el Mar de Barents en agosto del 2000, causando la muerte a los 118 tripulantes que iban a bordo. El ministro de Industria y Ciencia, Ilya Klebanov, dijo que la causa del accidente fue una explosión causada por un factor termal de los componentes del combustible.