Un año después de la caída del ex presidente Jean Bertrand Aristide, la transición en Haití se hace difícil: la inseguridad sigue siendo el principal problema a pesar de la misión de los Cascos Azules y las condiciones miserables de vida de la población no mejoran.
Jean Bertrand Aristide, exiliado en Sudáfrica, fue forzado a abandonar el poder el 29 de febrero de 2004 tras una rebelión armada y presiones de Francia, Estados Unidos y Canadá. Luego fue reemplazado por un gobierno de transición encabezado por un presidente provisional, Boniface Alexandre, y un primer ministro, Gérard Latortue.
"En Haití, cuánto más cambian las cosas, más siguen siendo iguales", resume bajo condición de anonimato un abogado allegado a la Presidencia haitiana que le reprocha a la comunidad internacional su intervención en Haití.
"La incoherencia e incompetencia del gobierno provisional han sumido al país en la desesperanza", denuncia por su parte el sociólogo haitiano Laenec Hurbon, miembro de CNRS francés (Centro Nacional de la Investigación Científica), refiriéndose a la corrupción y la impunidad que reinan en el país.
Esta semana, Gérard Latortue rechazó la renuncia reclamada por algunos partidos políticos, luego de la fuga masiva de 481 detenidos de la prisión nacional de Puerto Príncipe el 19 de febrero.
"No renunciaré, conduciré la lucha hasta el final" y "nosotros lucharemos contra cualquiera que interfiera en la política del gobierno".
Desde su exilio, el ex presidente Aristide sigue de cerca la situación. En una entrevista reciente, indicó que quería volver a Haití y recordó que había sido víctima de un "levantamiento".
Para sus adversarios, él sigue teniendo influencia en el juego político ya que habría inyectado en Haití fuertes sumas de dinero para que fracase la transición.
"La ausencia de Aristide permite la construcción de la democracia y un Estado de derecho no violento", consideró un funcionario socialista, Micha Gaillard.
Las violaciones de los derechos humanos y la miseria aumentaron en el último año, denuncia Gérald Gilles, un ex senador cercano al derrocado presidente. "Los problemas de Haití van más allá de Aristide. Son problemas que acarrea el país hace 200 años que requieren de un diálogo profundo y serio, pero el gobierno no lo cree necesario".
La violencia está siempre presente, especialmente debido al tráfico de drogas. Partidarios armados de Aristide mantienen el control en barrios de Puerto Príncipe.