Los incendios forestales alcanzaron ayer los límites de la capital australiana, destruyendo decenas de casas y obligando a miles de personas a abandonar sus hogares. Por lo menos una persona murió, según informes policiales.
Los vientos amainaron, anoche, permitiendo a centenares de agotados bomberos luchar en tres frentes donde las temperaturas eran más elevadas. Una lluvia de ceniza caía en las calles y la luna brillaba a través del humo.
Las autoridades habían declarado un estado de emergencia en el territorio que incluye la capital australiana. Los fuertes vientos llevaban las llamaradas desde las montañas en dirección al norte, sur y oeste de la ciudad.
Entre 50 y 60 casas quedaron destruidas, pero la cifra probablemente aumentará. Los trabajadores de emergencia evalúan los daños desde primera hora de la mañana de hoy domingo.
Medios locales informaron que una escuela, un centro médico e incluso una estación de bomberos también resultaron dañados por el incendio. Las llamas están a unos cuantos kilómetros del parlamento federal, pero ningún edificio gubernamental está en peligro.
Los incendios forestales son los más devastadores en la historia de la región -donde se sitúa la capital, de 320,000 habitantes. John Stanhope, ministro del territorio, dijo que quizás unas 100 familias perdieron sus hogares. No dio detalles sobre la persona fallecida.
Una vocera de la Policía Federal australiana dijo, insistiendo en el anonimato, que el hombre que murió probablemente era del suburbio de Duffy, donde 40 casas fueron destruidas y que la causa del fallecimiento posiblemente fue inhalación de humo.
Un vocero del Hospital de Canberra dijo que más de 50 personas han recibido tratamiento por quemaduras e inhalación de humo. Dos personas sufrieron quemaduras graves y fueron trasladadas a Sydney.
Australia, sitiada por las llamas de incendio forestal
Se trata de los peores incendios en 50 años en la región.