ALEXANDER es como un reloj que cumple su agenda al punto. "Niños, es hora de merendar", dice, y sin más, busca su lonchera y se propone cumplir con este punto de su rutina diaria, allá en la escuela República de Puerto Rico, donde estudia el primer grado.
Nunca permite que esa rutina sea cambiada. Pero esto tiene un porqué: Alexander Jiménez es autista.
Su vida pudo haber sido la de un niño metido en su concha, como es característico de estos pequeños, mas esto no pasó nunca por la mente de su madre, Analida Echevers, quien al descubrir el padecimiento de su hijo, buscó ayuda. No ha sido fácil ayudarlo, pero ha valido la pena. Es un buen estudiante, copia todas las tareas y hace sus ejercicios. Es calificado igual que el resto de los estudiantes, porque él forma parte de las personas con discapacidad que han sido incluidas en la escuela regular, no sin antes pasar por el Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE).
El niño, pese a su discapacidad, tuvo una ventaja: Aprendió a leer y a escribir solo, mucho antes de llegar al primer grado. Ni siquiera su mamá sabía esto. Luis, su hermano mayor, lo ayuda a estudiar y lo guía en la escuela.
Su maestra, María de Bernal, asegura que él sigue un patrón de conducta. Muchas veces se distrae, se mete en él mismo, pero ella se sienta a su lado y poco a poco logra sacarlo de su mundo. Aunque parecía distraído, cuando levanta su cabeza, Alexander ya se sabe la lección.
Con Alexander hay siete niños autistas en la escuela República de Puerto Rico, que son apoyados por Annemarie Jurado, maestra especial del Programa de Autismo del IPHE, quien informó que las maestras que tienen niños especiales en su salón, deben tener una asistente y menos alumnos. Las familias deben ser orientadas por psicólogos, terapistas, técnicos, neurólogos y pediatras, añadió.
El autismo es un trastorno del desarrollo que afecta las áreas de socialización y comunicación del niño o niña. Una de cada 500 personas es afectada con este trastorno, que casi siempre es adquirido desde el nacimiento, con base en el cerebro.
Es mundo del autismo es desconocido, e incluso, caro. Quienes lo padecen deben recibir distintos tipos de terapia de modificación de la conducta, y es difícil encontrar esto en centros públicos, por lo que hay que pagar a terapistas privados.
Antes, según la Asociación Panameña de Padres y Amigos de Autistas, dirigida por Mario Vallarino, los niños recibían tratamiento durante cinco horas en el IPHE, ahora sólo son dos. Y la realidad es que necesitan al menos terapia ocupacional, de lenguaje, de modificación de conducta, musicoterapia y masajes para relajarlos.
Cada terapia, por separado, cuesta por lo menos B/.10.00 por hora, y lo óptimo es 40 horas a la semana, lo que da un total de B/.400.00, suma prohibitiva para las familias humildes. Además, sólo en el 47% de los casos dan resultados positivos.
Para esta asociación es importante que el país sepa que existe esta situación.
Los padres de niños autistas piden a las autoridades mayor atención para ellos, tomando en cuenta que todos saben que hay que ayudar a las personas sordas, ciegas, mudas, que no caminan, o que tienen retardo, porque a éstos se les nota.
A los niños autistas no se les nota a primera vista su mal. Además, son niños con ojos muy bonitos y expresivos, son hermosos, parecen rebosantes de salud, por eso "no venden", y nadie les ayuda.
Ellos necesitan crear un centro especial de atención con especialistas, para poderles practicar las terapias, y acondicionarlo con computadoras y equipos de música, que a ellos les atrae. Necesitan enseñarlos a aprender, para que cuando se incluyan en las escuelas vayan preparados.
Por eso piden a las autoridades que volteen su mirada hacia estos padres, que envían un mensaje urgente de auxilio para ayudar a sus hijos.
Son niños como Alexander, que habla poco, pero que es inteligente, entusiasta y que puede mejorar, siempre y cuando tenga el estímulo y la ayuda necesaria.
Autismo, un mundo difícil e incomprendido
Los niños autistas necesitan ayuda porque deben recibir diferentes terapias.