El pueblo de esta localidad al oeste de Estados Unidos, golpeado por una tragedia tras otra desde que se derrumbara la mina de Crandall Canyon el pasado 6 de agosto, ahora está conmocionado por el accidente, en el que resultaron además heridos seis trabajadores.
Para los familiares y amigos de los mineros atrapados parece haberse detenido el tiempo desde hace días, pues todos sus esfuerzos se centran en recuperar con vida a sus seres queridos.
Este nuevo hecho significa un duro revés para sus esperanzas y el agotamiento de toda la comunidad se refleja ya en los rostros de aquellos que se enfrentan a diario a las múltiples cámaras de televisión que transmiten a todo Estados Unidos la tragedia de Utah.
Los estadounidenses siguen con gran interés lo que ocurre en Huntington y se han solidarizado con el pequeño pueblo, que está ahora pendiente de lo que decidan las autoridades locales, que anoche adelantaron que se podrían suspender las tareas de rescate.
Tras el accidente, que se cree se originó a partir de un leve movimiento sísmico que provocó un desprendimiento en la mina, todos los equipos de rescate fueron evacuados del lugar y los trabajos bajo tierra fueron suspendidos.
Se desconoce todavía qué trabajos realizaban los mineros en el momento del desprendimiento de la mina, ni dónde se encontraban.
Hay exigencias muy claras para avanzar hacia el acuerdo humanitario con las FARC y una de ellas es la devolución de los cadáveres de los 11 diputados regionales muertos en cautiverio en julio pasado y de los "dos soldados" muertos recientemente.
El presidente Alvaro Uribe hace poco tiempo hizo una serie de propuestas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con el fin de iniciar con el proceso de canje humanitario.