Bali exorcizó ayer con ritos hindúes el mal y la desgracia que descendieron sobre esa paradisíaca isla con el atentado terrorista del pasado 12 de octubre, que mató a cerca de 200 personas, en su mayoría extranjeros.
El ceremonial religioso principal se celebró entre los restos de la discoteca Sari, en localidad de Kuta, y estuvo compuesta por los actos de purificación y de ofrenda a los dioses.
Miles de balineses, 37 familiares de las víctimas del atentado, autoridades y miembros del cuerpo diplomático asistieron a los actos, que unos cinco mil agentes de policía se encargaron de garantizar que transcurriese con normalidad.
La ceremonia de purificación (Pemarisudha Karipubhaya) constituyó un acontecimiento poco común porque solamente se celebra con ocasión de graves crisis. Para ello se llevó agua de todos los lugares sagrados de la isla y, al ritmo de tambores, se lavó el solar de los malos influjos.
El cráter provocado por la fuerte explosión fue enmarcado con bambú y se colocó el tradicional anillo hindú de ofertas de oración compuesto en esta ocasión por pétalos de flores, galletas, billetes, cigarrillos y varillas de incenso.
Algunos de los animales se sacrificaron en los templos y luego se llevaron sus cabezas a los restos de la discoteca Sari, mientras que otros animales dieron su vida al mar que baña la playa de Kuta. Además de echar de la isla a los espíritus malignos, el culto estuvo destinado a liberar los espíritus atrapados de las víctimas y permitirles seguir su camino.
Una británica casada con un javanés musulmán dijo que algunas familias de esta comunidad construyeron un "janur" (palo especial de bambú con hojas de palma) como un símbolo de su solidaridad con la ceremonia purificadora.
El 90 por ciento de la población de Indonesia es musulmana, pero en Bali la religión mayoritaria es la hindú. Desde el atentado, la economía balinesa, basada en el turismo, ha caído en picado y el nivel de ocupación hotelera no llega al 10 por ciento.