En la ciudad de Bruselas, con más de mil años de antigüedad, se observan un sinnúmero de monumentos que evidencian la historia turbulenta de Bélgica, como el caso de campo de Waterloo, en donde Napoleón Bonaparte luchó su última batalla en 1815 contra los británicos.
El pueblo de Bélgica, reconocido también por los antiguos romanos como "la gente que más duro lucha", se sublevó en 1830 del dominio holandés y el 21 de julio de 1831 estableció su propia monarquía con un sistema político separado.
Para Hugues De Lannoy, cónsul de Bélgica en Panamá, los belgas lograron consolidar una nación independiente, pese a las adversidades históricas.
"A principios del Siglo XIX se dio un movimiento en los llamados Países Bajos Católicos contra Holanda protestante y los líderes de este levantamiento se denominaron como belgas", dijo.
Por coincidencia del destino, Bélgica fue elegida en 1951 por su posición geográfica como el lugar adecuado para establecer las principales instituciones de la Unión Europea (UE).
"La presencia de la UE ha tenido efectos beneficiosos, a nivel de lo que atrae todas las instituciones de la Unión Europea", generando bonanza y plazas de empleo, destacó el diplomático belga.
Sin embargo, De Lannoy advirtió que la sede de la UE hizo crecer el alquiler de los apartamentos en Bruselas y que se encareciera el costo de la vida entre los habitantes.
En cuanto a la multiculturización, De Lannoy destacó que los belgas tuvieron que adaptarse y transformarse para ser un típico "ciudadano europeo".
"Ahora el profesional belga tiene que saber hasta un promedio de cuatro idiomas por lo mínimo", acotó.
De Lannoy agrega que Bélgica es un país conformado en dos regiones con idiomas y conceptos propios, que son Flandes y Valonia.
La región norteña de Flandes es la zona más productiva de Bélgica en la actualidad, gracias a su desarrollo comercial por medio del famoso puerto de Amberes, el mayor del continente europeo.
El flamenco habla holandés (o neerlandés).
Por su parte, Valonia fue símbolo del poder industrial y del movimiento social, pero ha decaído hasta hace poco.
En esta zona sureña se habla francés, por su cercanía a la tierra gala.
"En el pasado, hablar flamenco era sinónimo de pobre, mientras que francés lo hablaba la clase alta. Ahora es todo lo contrario", explica el cónsul a este medio.
Según De Lannoy, esto ha generado que el gobierno federal belga apoye más a Valonia para adaptar su economía, cosa que Flandes haya propuesto que se le otorgue más autonomía, incluso su independencia del Reino.
En las pasadas elecciones de junio, los separatistas flamencos tomaron fuerza, lo cual ha obligado al Gobierno federal buscar un entendimiento entre regiones.
"Hemos reconstituido la política belga, para evaluar lo que pide Flandes y lo que necesita Valonia, para evitar la separación", reitera el cónsul, el cual cree que su país se mantendrá todavía unido.
Hoy, la Bruselas de antaño se transformó en un mar de lenguas, en donde todas las naciones del orbe buscan espacio para dejar su representación diplomática cerca de la Schumann Straat, avenida que alberga la Comisión Europea y el Presidium del bloque continental.
Por así decirlo, Bélgica está en el corazón de Europa y para los diplomáticos de todo el mundo, esto será un factor determinante cuando se intensifique la relación de América Latina con Europa, acotó De Lannoy.
Bélgica es una monarquía parlamentaria y conforma una federación. Su rey es Alberto II.
El país tiene 1, 006, 749 habitantes (datos de 2005). Su PIB per cápita ocupa el puesto 28, $31.549.
Fue impulsora del pacto del Benelux, que designó la unión aduanera y económica de Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo, dentro del marco de la Unión Europea.
El pasado 10 de junio, hubo elecciones generales en Bélgica, en donde perdió la coalición del actual Primer Ministro Guy Verhofstadt, que espera su reemplazo político.