El primer ministro británico, Tony Blair, se expone a la mayor rebelión en filas laboristas desde la invasión de Irak cuando el Parlamento vote hoy la renovación de la fuerza de disuasión nuclear del Reino Unido.
Un total de 105 diputados, entre ellos más de sesenta laboristas y varios parlamentarios liberales demócratas, incluido su líder, Menzies Campbell, respaldan a día de hoy una enmienda que reclama más tiempo para debatir la propuesta antes de tomar la decisión definitiva.
Los encargados de la disciplina en el partido han movilizado todos sus efectivos en un intento desesperado de impedir que se extienda la revuelta y Blair sufra la humillación de tener que depender de la oposición conservadora para imponerse.
El ex líder laborista Neil Kinnock ha atizado el fuego de la revuelta con un discurso, pronunciado anoche en la Fabian Society londinense, en el que expresó su oposición a que se tome ya una decisión al respecto, que no considera justificada.
Una de las figuras que con más insistencia ha reclamado una mayor implicación de EE.UU. en la tragedia es la del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, quien, en una reciente rueda de prensa en El Cairo reclamó que se alivie a Siria y Jordania del enorme peso que soportan.
"Es mi deber como Alto Comisionado pedir a Siria y Jordania que continúen dando protección a las personas que han pedido asilo en sus territorios, pero también es mi deber pedir a la comunidad internacional que comparta esa responsabilidad", dijo.
Asimismo, apeló a los países árabes y musulmanes a que se involucren en el respaldo financiero, económico y técnico en la crisis.