EL GIGANTE del Sur, Brasil, ha sido un emblema del progreso significativo de las naciones del otrora Tercer Mundo.
Pese a las abismales diferencias sociales y económicas, Brasil prosigue su rumbo al desarrollo pleno bajo el liderazgo del presidente socialista Luiz Inácio Lula da Silva.
Brasil es una nación de contrastes. Por un lado, la pujanza y el bienestar económico sobresalen en los barrios exclusivos de Sao Paulo. Empero, por el otro, las "favelas" de Río de Janeiro frente a las paradisíacas playas de Copacabana e Ipanema, son el clásico ejemplo de que Brasil vive un desarrollo social surrealista.
Para los entendidos, el éxito del enorme respaldo popular de Lula da Silva estriba en que generó millones de empleos e inició una campaña socioeconómica destinada al fomento de la empresa privada, sin menoscabar a la clase obrera.
Según afirma Mariana Martínez, especialista en Economía de la BBC de Londres en un reportaje acerca de Brasil, durante el mandato de Lula la economía creó 3.8 millones de puestos de trabajo en el sector formal y, aunque estuvo muy lejos de los 10 millones que había prometido en la campaña, ha tenido un fuerte impacto en las clases más bajas de Brasil.
Los menos privilegiados -unas 8.7 millones de familias- también se vieron favorecidos por la iniciativa "Bolsa de Familia", un programa de Lula basado en transferencias de dinero para que las familias más pobres puedan enviar sus hijos a la escuela, tener acceso a vacunas y otros servicios de salud.
Y aunque muchas de las promesas quedaron en el tintero -Brasil no es hoy un país con hambre cero y con trabajo para todos, mucho menos una nación lejos de la corrupción-, millones de familias pobres vieron mejorada su calidad de vida y eso esos sin dudas son votos con los que Lula podrá contar el próximo 1 de octubre.
Una opinión más pragmática tiene la periodista económica Claudia Mancini del diario "Gazeta Mercantil" de Sao Paulo.
Según ella, las elecciones en Brasil no traen mucha sorpresa este año.
"Hay un 99% de posibilidad de que Lula va a ganar. Lo que se espera es un gobierno que haga algunas reformas, como de los impuestos, política y de la seguridad social, que no pudo hacer hasta ahora", destacó la reportera.
Mancini señaló a Panamá América que "la victoria de Lula, si se confirma, será porque hubo un real cambio, para mejorar la vida de los más pobres".
Para Mancini, esto es algo muy importante para explicar este fenómeno electoral, que pese a tantas denuncias de corrupción, Lula da Silva sigue en el liderazgo de las encuestas electorales.
Para saber como empezará su gobierno, Mancini destaca que es necesario saber si Lula ganará en la primera o segunda ronda, "porque si gana en la segunda, necesitará de más acuerdos con la oposición".
Sobre la economía brasileña, dice Mancini que la situación no cambia mucho.
"Es probable que mantenga la política actual, de fuerte control de las cuentas, cumpliendo las metas fiscales, de inflación, etc. Por esa razón, es probable que Brasil siga con bajo nivel de expansión del PIB", acotó.
Mancini también dice que las políticas sociales no cambiarán. Y son esas políticas y la baja inflación que explican mucho de los votos para Lula, en este escenario de denuncias de corrupción.
Brasil es, fuera de África, el país con el mayor número de personas de ascendencia africana. Pero hay pocos negros en la cima de la pirámide social, incluyendo el gobierno, el parlamento, los servicios públicos y las fuerzas armadas. Las personas de raza negra continúan socialmente en desventaja.
Empero, según el Sondeo oficial brasileño de 2004, el mestizaje es predominante. En Brasil hay 93 millones de blancos, 76 millones de mestizos y 11 millones de negros.
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El coloso verde amarela es el país con peor distribución de la riqueza en el mundo, seguido de Panamá y Haití.