Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos indica que las brillantes luces de la ciudad exacerban la contaminación del aire.
La investigación indica que la luminosidad lanzada al cielo interfiere con ciertas reacciones químicas.
Estas reacciones, normalmente, ayudan a limpiar el aire, durante la noche, de los gases que emiten los motores de vehículos y las fábricas en el día.
La ciudad lanza al aire un complejo coctel de productos químicos.