El suicidio asistido en el caso de los enfermos terminales fue apoyado por un 73% de los mil británicos consultados.
Casi tres de cada cuatro de los consultados opinaron que debía permitirse que un familiar o un amigo ayudara a quitarse la vida a una persona querida que estuviera en esa situación irreversible y hubiera expresado tal deseo.
El apoyo se redujo a un 48%, cuando se preguntó si ese tipo de eutanasia estaba justificado en el caso de no tratarse de una enfermedad terminal.