La presión sobre el primer ministro británico, Gordon Brown, se agudizó a poco menos de una semana para que comience el Congreso Anual Laborista, con la dimisión de un miembro del Gobierno descontento con su liderazgo.
Tras crecientes rumores en los últimos días, David Cairns, secretario de Estado para Escocia, presentó su renuncia, que fue aceptada por el "premier".
Se trata del último capítulo de la rebelión iniciada por varios diputados laboristas para exigir una elección a fin de designar al líder del partido.
Previamente, la Ejecutiva del Partido Laborista anunció su negativa a enviar los impresos para forzar el proceso, como habían solicitado 12 parlamentarios.