La presidencia de la Unión Europea (UE) pidió una movilización para superar la crisis desatada tras el "no" franco-holandés a la Constitución, a través de un acuerdo sobre el presupuesto europeo en la próxima cumbre en Bruselas, pero choca con el Reino Unido, que se niega a ceder sus privilegios.
"La UE no debe deslizarse hacia la incertidumbre permanente, hacia la inmovilidad o, peor, hacia la parálisis", declaró en Estrasburgo el ministro delegado para Relaciones exteriores luxemburgués, Nicolas Schmit, cuyo país ejerce la presidencia de la UE hasta fines de junio.
En una intervención ante el Europarlamento, Schmit reafirmó que "la presidencia hará todo lo posible para facilitar un compromiso aceptable para todos" cuando los dirigentes de la UE intenten llegar el 16 y 17 de junio próximos a un acuerdo sobre el futuro presupuesto comunitario 2007-2013.
Por otra parte, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, coincidió con esta posición, al afirmar que "un acuerdo no sólo es deseable, sino también posible".
Pero este voluntarismo recibió un cachetazo desde Londres, donde el primer ministro Tony Blair cerró la puerta a cualquier cuestionamiento del descuento en los aportes al presupuesto europeo del que goza su país desde 1984.