Mientras familiares aguardaban noticias en la boca de una mina de carbón incendiada, los socorristas pugnaban por apagar el incendio ayer, casi dos días después de una explosión que dejó 31 muertos y cinco desaparecidos.
Los trabajadores lograron controlar parcialmente las llamas al bombear agua y nitrógeno, señaló el viceprimer ministro Andrey Klyuyev en la mina.
La gran explosión de metano y polvo de carbón que provocó el incendio se produjo el lunes por la noche a unos 970 metros debajo de la superficie.
Los socorristas están luchando desde hace dos días con llamas, humo y temperaturas superiores a 50 grados, y no esperan encontrar sobrevivientes.
"Se presume que todos han muerto, nadie podría sobrevivir a ese infierno", manifestó un funcionario, que habló con la condición de no ser identificado.
Las autoridades decretaron tres días de luto para los 31 muertos, cuyo funeral está previsto para hoy.
Por su parte, el Papa expresó ayer su pesar y tristeza por la muerte de al menos 31 mineros ucranianos, que perdieron la vida en este accidente.
El Pontífice manifestó su pesar en un telegrama enviado en su nombre por el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, al arzobispo de Donetsk Kharkiv, Stepan Meniok, en el que pidió por las víctimas, por los heridos y todos los sufren las consecuencias de la catástrofe.
Juan Pablo II, expresó su solidaridad a los familiares de las víctimas mortales, además, aseguró sus fervientes plegarias y envió una bendición especial al pueblo ucraniano.