El presidente de EU, George W. Bush, instó ayer a los iraquíes a involucrarse más en la formación de un nuevo Gobierno iraquí y salió al paso de las críticas contra su plan de estabilizar Irak tras la guerra.
Tras dos días de consultas con sus más directos colaboradores y con el administrador civil para Irak, el estadounidense Paul Bremer, Bush confirmó el cambio de estrategia política y expresó su deseo de que los iraquíes “se involucren más en el gobierno de su país”.
En declaraciones en la Casa Blanca, el presidente informó de que Bremer regresa en las próximas horas a Bagdad para reanudar los contactos con el Consejo de Gobierno iraquí e impulsar el proceso.
Es la primera vez que Bush habla públicamente de cambios en la estrategia política en Irak, que consiste fundamentalmente en estudiar la creación de un Gobierno interino que ayude a los iraquíes a “digerir” mejor la invasión.
Hasta ahora, la Casa Blanca había defendido la vigencia del Consejo de Gobierno, cuya labor ha sido muy criticada por miembros del entorno de Bush, y la necesidad de elaborar una Constitución y elegir un Parlamento democrático antes de tener un nuevo Ejecutivo.
Sin embargo, la incertidumbre sobre el terreno debido a la creciente hostilidad contra las fuerzas ocupantes ha cambiado el paso a la administración estadounidense, muy preocupada por el negativo impacto de la posguerra en su opinión pública.
“Estamos muy interesados en acelerar el proceso de establecer un Gobierno para el pueblo de Irak que refleje la voluntad del pueblo”, dijo el secretario de Estado, Colin Powell. Destacó que se tiene que actuar con agilidad porque el próximo 15 de diciembre termina el plazo fijado en la resolución 1511 del Consejo de Seguridad de la ONU para que el Consejo de Gobierno presente su plan para tener Constitución y elecciones.
Las fuerzas estadounidenses destruyeron una fábrica abandonada de tintes en Bagdad como represalia por los ataques a las fuerzas de ocupación, mientras el saldo de muertos por el atentado suicida contra una base de los carabinieri ascendió ayer a 31.
El bombardeo a la fábrica privada ubicada en el suburbio de Saydiya, al sur de Bagdad, fue el primero en la capital desde el derrocamiento del régimen de Sadam Hussein en abril pasado.
Manifestaron que las instalaciones eran utilizadas por los rebeldes para almacenar armas para sus ataques contra objetivos de la coalición en la capital del país.
En Tampa, Florida, el general John Abizaid indicó que las fuerzas opuestas a la coalición liderada por Estados Unidos no están integradas por más de 5,000 insurgentes.
En la ciudad de Nasiriya, al sur de Irak, fuentes militares y hospitalarias dijeron que el total de muertos del ataque suicida del miércoles ascendió a 31, y otras 80 personas resultaron heridas.
Los funcionarios expresaron que la cantidad de fallecidos podría aumentar porque no se espera que muchos de los heridos sobrevivan.
El ministro de la Defensa de Italia, Antonio Martino, culpó del atentado a elementos leales a Hussein y a miembros del grupo terrorista Al Qaeda, durante su visita ayer a Nasiriya.
Italia se puso de luto, en lo que un líder político calificó como “nuestro 11 de septiembre”. En los monumentos casi olvidados de la guerra, la gente colocó flores, mientras Italia buscaba recuperarse de la conmoción por el atentado que dejó la mayor cantidad de bajas militares del país en un solo incidente desde la Segunda Guerra Mundial.