El presidente estadounidense, George W. Bush, defendió ayer la guerra en Irak e instó a Europa y a las demás democracias del mundo a luchar contra la tiranía en Oriente Medio y dondequiera que se encuentre.
En resumen, puede decirse que Bush aprovechó su primer día de visita de Estado en Gran Bretaña para defender su política exterior y afirmar que no da la espalda al multilateralismo.
"Hubo desacuerdo de buena fe en su país y en el mío sobre el desarrollo y el momento de nuestra operación en Irak. Pero sólo teníamos dos opciones: respetar nuestra palabra o no", explicó durante un discurso transmitido por televisión.
"En algunas situaciones, el uso moderado de la fuerza es lo único que puede protegernos de un mundo caótico basado en relaciones de fuerza", agregó Bush.
Mientras los manifestantes empezaban a movilizarse, Bush explicaba que la paz y la seguridad del mundo libre se asienta en "tres pilares": las instituciones multilaterales como la ONU y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la voluntad de utilizar la fuerza contra la tiranía como último recurso y la instauración de la democracia en el mundo.
También reiteró su compromiso en el proceso de paz en Oriente Medio con un llamamiento en favor de un Estado palestino independiente viable, al tiempo que pidió a los países árabes el reconocimiento de las fronteras de Israel.
Llamó a los dirigentes europeos a combatir y condenar el antisemitismo para poder solucionar pacíficamente la crisis en Oriente Medio y a suspender los contactos con dirigentes palestinos que no gozan de la confianza de Estados Unidos, sin mencionar a Yasser Arafat.
Israel tampoco se salvó del sermón. Bush le exhortó a detener la colonización de los territorios ocupados, así como "las humillaciones cotidianas de los palestinos" y los muros de seguridad.
El Palacio de Buckingham no descarta tomar medidas legales contra el tabloide "Daily Mirror" por publicar ayer un artículo en el que un periodista relata su experiencia como criado de la Familia Real y denuncia un grave fallo de seguridad.
Una portavoz del despacho de la reina Isabel II de Inglaterra indicó ayer que la demanda, que iría también dirigida contra el autor de la noticia, Ryan Parry, se basaría en una supuesta violación de la confidencialidad que se exige a los sirvientes reales.
En la información, Parry denunció que la seguridad de la Casa de los Windsor es fácil de violar y que, si hubiera querido, hubiera podido "envenenar" a la reina, pues a menudo estuvo encargado de transportar su desayuno.
La portavoz de Buckingham aseguró que se han puesto en marcha "medidas adicionales en los procedimientos de contratación" y defendió que "nunca hubo razón para cuestionar la honestidad" de las referencias presentadas por Parry.
El primer ministro, Tony Blair, ordenó hoy una "revisión a fondo" de la seguridad de la familia real. El periodista afirma que abandonó el palacio la noche del martes, poco después de que llegara del presidente estadounidense George W. Bush, y que estaba previsto que ayer sirviese el desayuno a la consejera de Seguridad Nacional de EU, Condoleezza Rice, y al secretario de Estado, Colin Powell.
Según su relato, desde el primer día tuvo acceso completo a todas las áreas del Palacio, nadie revisó nunca sus bolsas y tampoco se investigaron a fondo sus referencias, pues una simple consulta en internet hubiera descubierto quién era.
Dos personas disfrazadas como Bush y la reina Isabel saludando desde un carruaje descubierto, un misil inflable y un "tanque de la paz" rosado atravesaron Londres ayer, como parte de un desfile de protesta contra la visita del mandatario estadounidense.
La marcha fue un colorido preludio a manifestaciones de hoy, cuando se espera que unas 100,000 personas tomen las calles de Londres. Cientos de personas se reunieron en las riberas al sur del Támesis, donde la "Procesión Estatal Alternativa" dio inicio a un día para mostrar en las calles la oposición a la guerra liderada por Estados Unidos en Irak, y a la participación británica en ella.
Las preocupaciones por la seguridad provocaron que el propio Bush se perdiera el tradicional recorrido en carroza abierta a lo largo del paseo del Palacio de Buckingham.
Un taxi negro de Londres representó a los "conductores de taxi contra la guerra", y un autobús rojo anunciaba una ruta simbólica "Londres-Bagdad".
Algunos vestían como inspectores de armas de la ONU, otros echaron colorante rojo en la fuente de la plaza Trafalgar para representar la sangre derramada en Irak.
"Esto es realmente un teatro callejero simbolizando todos los elementos diferentes del movimiento pacifista", dijo Lindsey German de la coalición Paren la Guerra, una de las organizadoras.