El cartel de "misión cumplida" en Irak, colocado a sus espaldas en 2003, y el proyecto para privatizar parcialmente la seguridad social son dos de los errores que ayer reconoció George W. Bush, en la rueda de prensa final de su mandato.
Bush admitió fallos en sus ocho años en el poder, pero al mismo tiempo defendió su Presidencia y negó "enérgicamente" que la posición moral de Estados Unidos en el mundo esté peor que cuando él asumió el poder.
Preguntado por los errores cometidos, el mandatario estadounidense dijo que poner la famosa pancarta que proclamaba victoria fue un fallo "claro" que envió "el mensaje equivocado".
Con la declaración de "misión cumplida" de fondo, Bush dio un discurso en la cubierta del Abraham Lincoln, un portaaviones que se encontraba en el Pacífico, poco más de un mes después de la invasión de Irak.
"Las operaciones principales de combate en Irak han terminado. Estados Unidos y sus aliados se han impuesto en la batalla de Irak", señaló entonces el jefe de la Casa Blanca.
En la rueda de prensa también citó como un error promover la privatización parcial del sistema de pensiones de Estados Unidos tras su reelección en 2004, porque el Congreso, dominado entonces por los republicanos, no creía que era inminente una crisis de la Seguridad Social, comentó.
El gobernante no asumió un mea culpa, en cambio, sobre la respuesta al huracán "Katrina", que arrasó Nueva Orleans en 2005.
Bush argumentó que haber aterrizado personalmente en esa ciudad o las inmediaciones habría requerido usar la policía para protegerle a él y no para auxiliar a las víctimas.
También negó que la respuesta federal al desastre fuera lenta, pero aun así admitió: "Podrían haberse hecho mejor las cosas".