Aquel día murieron 14 ciudadanos latinoamericanos procedentes de Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras y Perú, junto a otras 178 personas, que viajaban en los cuatro trenes en los que terroristas islamistas hicieron estallar varias bombas escondidas en mochilas.
Otros latinoamericanos, junto a centenares de españoles e inmigrantes de otros países, como Marruecos o los de Europa del Este, resultaron heridos o perdieron familiares.
Euclides Antonio Ríos es colombiano, de Cali, tiene 55 años y tres hijas. Viajaba en el único vagón que no hizo explosión de uno de los cuatro trenes atacados, cerca de la estación de Atocha.
Aunque en un primer momento la gente optó por salir corriendo, Euclides convenció a muchos para que se quedaran y ayudaran a los que viajaban en los otros cinco vagones, muchos ya muertos y otros heridos.
"La vida cambia en muchos sentidos", dice, y manifiesta que él ya no es la misma persona que hace cinco años.
"Nosotros estamos contando el cuento, pero debido a que el tren traía dos minutos de atraso. Si no fuera por eso, no estaríamos contando la historia", finaliza.