Los cancilleres de los 19 países latinoamericanos que integran el Grupo de Río comenzaron a llegar ayer a Cuzco, sede de la XVII Cumbre de ese mecanismo de concertación, en medio de fuertes protestas de sindicatos en contra del gobierno peruano.
Los ministros de Relaciones Exteriores, que hoy, elaborarán los documentos que en los dos días siguientes deberán analizar los jefes de Estado, llegaron a una ciudad convulsionada por una huelga de maestros del sector público y del transporte.
La pintoresca Plaza de Armas, en el centro de la antigua capital del Imperio Inca y a escasos 100 metros del Hotel Monasterio, donde se alojarán las delegaciones oficiales y se celebrarán las reuniones de trabajo de la Cumbre, se convirtió en objeto de forcejeos entre miles de maestros y un grueso contingente de policías.
Los gremios del magisterio, que según distintas fuentes reunieron a entre 7,000 y 12,000 manifestantes, insistieron en atravesar esa céntrica plaza, convertida desde el martes en zona vedada para protestas en virtud de un decreto dictado por el presidente peruano, Alejandro Toledo.
El tenso pulso por el control de las calles cercanas al corazón de la cumbre derivó en enfrentamientos y desórdenes, que llevaron a todo el comercio de la zona a cerrar sus puertas al mediodía.