Con la detención de uno de los máximos dirigentes del partido panarabista Baas en Irak, el mando aliado estrecha el cerco al entorno del derrocado presidente Sadam Hussein, de quien por ahora se desconoce si está vivo o muerto.
En las cercanías de la ciudad norteña de Mosul, fuerzas estadounidenses y kurdas capturaron el jueves a Samir Abdul Aziz Al Najim, uno de los 55 cargos más importantes del régimen de Hussein.
"La pasada noche, unidades de las fuerzas especiales de operaciones capturaron a otro hombre clave del antiguo régimen iraquí", informó ayer el general estadounidense, Vincent Brooks, subdirector de Operaciones del Mando Central en Qatar.
"Pertenecía al partido panarabista Baas, era el responsable regional del distrito de Bagdad y creemos que dispone de información de primera mano sobre la estructura central" de esa formación, dijo.
Al Najim fue ministro de Petróleo hasta principios de este año, y embajador de su país en Egipto, Turquía, España y Rusia. Brooks agregó que "la coalición sigue persiguiendo a otros representantes del régimen" de Hussein, de quien se desconoce el paradero al igual que el de sus hijos, Uday y Qusay.
La detención de Al Najim se ha producido un día después de la de Barzan Ibrahim Hasan Al Tikriti, uno de los tres hermanastros del ex presidente de Irak y el segundo capturado en menos de una semana.
En tanto, las fuerzas de la coalición liberaron a más de 900 prisioneros iraquíes y comenzaron así un proceso de clasificación entre los miles de detenidos durante la guerra de un mes, dijo ayer un funcionario del departamento de Defensa.
"Indicamos desde el comienzo que no queremos detener a nadie más tiempo del que sea absolutamente necesario"", expresó el mayor Ted Wadsworth, portavoz del Pentágono. "El proceso de clasificar a las personas para determinar su condición ha comenzado"", explicó.
Los prisioneros liberados fueron clasificados como no combatientes, dijo Wadsworth, es decir que no participaron en acontecimientos de hostilidad durante la guerra y no integraron las fuerzas militares.
Por ejemplo, pueden ser civiles apresados en combate, explicó el portavoz, y agregó que las fuerzas que luchan tienen el derecho y la obligación de detener en el campo de batalla a cualquier persona que presente un riesgo para su seguridad o que pueda peligrar.