Un alto dignatario del Vaticano prometió poner fin a la ola de suicidios en su Australia natal causada por el escándalo de abusos sexuales de religiosos. Lo hizo después de recibir a víctimas de los abusos y de reconocer que no actuó en reacción a las denuncias hace décadas.
El cardenal George Pell, el principal asesor financiero del papa Francisco, se reunió ayer con víctimas australianas de abusos que viajaron a Roma para presenciar sus cuatro días de testimonio por video ante la Real Comisión Australiana. Esta investiga cómo la Iglesia católica y otras instituciones respondieron al abuso sexual de menores.
Después de salir de la reunión, Pell leyó una declaración en la que prometió ayudar a su ciudad natal de Ballarat a recuperarse después de veintenas de suicidios de víctimas de abusos. Manifestó su esperanza de que la ciudad pueda llegar a ser "un ejemplo de ayuda práctica para los perjudicados por el flagelo del abuso sexual".