Los cardenales católicos estadounidenses comenzaron a llegar ayer al Vaticano para sostener reuniones orientadas a sanar las heridas causadas a la Iglesia Católica por una ola de escándalos de abuso sexual infantil.
La propia credibilidad de la Iglesia Católica de Estados Unidos estará en juego en las reuniones de mañana y el miércoles, cuando 13 cardenales estadounidenses, entre ellos tres que trabajan en el Vaticano, se reúnan con el Papa Juan Pablo y funcionarios de la Santa Sede.
Aunque las reuniones se concentrarán en cómo la Iglesia estadounidense debería lidiar con el escándalo de pederastia, también podría discutirse la forma de enfatizarles a los nuevos sacerdotes el reglamento del celibato de la Iglesia, que el Papa dice no puede ser cambiado.
Hablando ante obispos nigerianos ayer, el Papa dijo que el celibato debía ser "un regalo completo al Señor y a su Iglesia", y que su importancia debe ser "atentamente salvaguardada".
Monseñor Francis Maniscalco, portavoz de la Conferencia de Obispos de EU, dijo que los cardenales buscarían la guía del Vaticano para decidir si los curas pederastas pueden permanecer en el ministerio, o se les debe suspender.