El presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, reunió ayer a sus ministros y asesores más próximos para hacer el balance de ocho años de gestión en un ambiente de despedida, a pesar de que hasta el 1 de enero no entrega el poder a su sucesor, Luiz Inacio Lula da Silva.
Con excepción del titular de Desarrollo, Industria y Comercio, Sergio Amaral, que se encuentra de viaje de trabajo en China, el gabinete en pleno así como los responsables de los departamentos dependientes de la presidencia, escucharon el balance que hizo Cardoso durante cerca de dos horas y sin leer.
Cardoso aprovechó la ocasión para hacer algunas advertencias a su sucesor, el izquierdista Luiz Inacio Lula da Silva.
En el ámbito económico, le dijo que para mantener los logros conquistados en sus años de mandato son necesarias la transparencia y la capacidad para contener los ímpetus naturales de querer hacer todo, y gastar sólo lo justo para obtener resultados a medio plazo que signifique el mantenimiento del clima de estabilidad.
Otro de sus grandes desafíos, dijo, será la seguridad nacional.