En un césped digno de un terreno de golf, unos indonesios vestidos de riguroso negro se congregan ante el féretro de un ser querido. Una vez terminado el oficio funerario se pueden dar un chapuzón en una lujosa piscina olímpica o remar en un lago artificial de ocho hectáreas.
Estos privilegiados enlutados forman parte de los primeros clientes del San Diego Hills Memorial Park, un cementerio de muy alto nivel que se presenta como la antítesis del cementerio indonesio corriente, descuidado, ruidoso y encajonado en las zonas habitadas.
Está previsto en 500 hectáreas, 25 de ellas ya están listas, nada de atascos, ya que se puede llegar hasta en helicóptero.