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Chávez y el renacimiento del Antiyaquismo


Es impresionante cómo muy poca gente ha tomado en serio las alegaciones de fraude electoral que provienen de la oposición política venezolana. Los más destacados medios de comunicación de los Estados Unidos y América Latina han dado por hecho la victoria electoral de Chávez, mientras los principales periódicos de Washington y Nueva York pretenden darle lecciones al Departamento de Estado sobre cómo manejar de ahora en adelante las relaciones bilaterales con el inquieto vecino del Sur.
Por su parte, mientras los principales gobiernos latinoamericanos se alineaban rápidamente con la supuesta victoria del otrora militar golpista, Washington se iba quedando sólo en el escenario internacional y al final, no le quedó más que endosar a regañadientes el supuesto triunfo, incluso sabiendo Bush que lo que menos conviene a su campaña electoral es que sus potenciales votantes lo asocien con las intempestivas y desmesuradas alzas en los precios del petróleo que podrían desencadenarse de un desenvolvimiento no pacífico de los acontecimientos en Venezuela.
¿Cuáles son las justificaciones para que los medios de comunicación social y los países, sobretodo los latinoamericanos, ni siquiera le hayan dado una consideración seria a las alegaciones de fraude? ¿Cómo se explica que la oposición no haya conseguido supuestamente, ni siquiera la cantidad de votos que obtuvo para lograr que se llamara al referéndum revocatorio?
Un amigo mío me lo hubiera resumido así: "Cuando estés en una fiesta, entre diplomáticos, asegúrate siempre que tu esposa vaya contigo. Así, ella dirá todo lo que a ti no te está permitido". Asimismo, Chávez es el comodín o la esposa oportuna de los latinoamericanos. Cuando Lula se enoja porque los Estados Unidos no cumple con los convenios de la OMC, o cuando a Argentina le moleste que los Estados Unidos la regañe por su acercamiento a Cuba, los gobernantes de estos países siempre contarán con Chávez para decirle al Vecino del Norte, lo que la diplomacia les impide a ellos decir directamente. Después de todo, el otro que cumplía esa función, ya está muy viejo, sus discursos son muy aburridos y no tiene la supuesta legitimidad de haber ganado todas las elecciones que se le han puesto en el camino, incluyendo, el reciente intento de revocarle el mandato. Esa necesidad de contar con una esposa inoportuna todavía es mayor, en momentos en que no se tiene certeza sobre la posible reelección de George W. Bush en las elecciones programadas para la primera semana de noviembre.
Por lo demás, los mercados económicos y de capital prefieren "malo conocido que bueno por conocer", por lo que reaccionaron positivamente ante el supuesto triunfo de Chávez en las urnas. Los países andinos, sobretodo Colombia, prefieren y necesitan una Venezuela que no esté convulsionada ni política ni socialmente, y apostar a Chávez es supuestamente apostar a la estabilidad venezolana. Uribe, además, teme que si le canta sus cuatro verdades al mandatario venezolano, éste, que tiene conocidos contactos con las FARC, le devolverá la crítica haciendo inestable la frontera recíproca.
Ante la suma de estos intereses internacionales a los cuales les interesa más que Chávez permanezca en el poder que el verdadero resultado electoral, el Centro Carter y la Organización de Estados Americanos no hicieron más que avalar el supuesto resultado en las urnas.
Toda esta respuesta coordinada de la Comunidad Internacional está hecha a la medida de los intereses inmediatos de los actores más importantes. Se prevé no obstante, que una vez sea electo el nuevo Presidente de los Estados Unidos, éste endurezca su discurso frente a Chávez.
A lo interno de Venezuela, el resultado electoral no resuelve por sí sólo los ingentes y dramáticos problemas que tiene la sociedad venezolana, relacionados con la falta de crecimiento económico, los niveles de desempleo, los niveles de pobreza y la polarización política del país. Si Chávez es inteligente, materializa su oferta de invitar a las fuerzas opositoras a cogobernar. Ese giro hacia la moderación debería también acercarlo más a Brasil y a Argentina que a la Cuba de Fidel Castro. Si, en cambio, Chávez tiene instintos autodestructivos, hará más radical su discurso, se alejará del camino democrático del resto de América Latina y se alineará definitivamente con Castro. Sea cual fuere el camino que asuma Chávez, la oposición democrática no puede ni debe replegarse en el escenario político. Eso sería tanto como otorgarle una patente de corcho desde ahora al mandatario venezolano, para que salga reelecto en las elecciones presidenciales del 2007. En cambio, la oposición debe disputarle cada espacio de participación democrática que abre el sistema, oportunidad que tendrá el próximo año a propósito de unas elecciones regionales.
A los panameños, que tenemos experiencia lidiando con actitudes anti democráticas, no nos sorprende que la Comunidad Internacional, y sobretodo, la Latinoamericana, haya armado este tejido de complicidades para mantener a Chávez en el poder.
No obstante, los venezolanos de hoy tienen una ventaja sobre los panameños de 1989. Y es que los venezolanos le han quitado la careta al dictador ahora y ya saben que esperar de la próxima elección presidencial del 2007. Ante el agotamiento de los recursos democráticos que quedaban, desgraciadamente, es posible que entonces los factores reales de poder en Venezuela, como los militares o los Estados Unidos de América, ensayen soluciones de hecho. Entonces, saldrán a la palestra los cínicos de siempre, los que hoy se han quedado callados, a reclamar como se pisotean las instituciones democráticas de América Latina. ¿Por qué no aplican la Carta Democrática hoy para evitar ese escenario?
Ante esta interrogante, nadie, en su sano juicio, le hará caso a una OEA, que para entonces habrá perdido toda autoridad moral para reclamar el cumplimiento de una carta democrática de cuya existencia y consecuencias vienen a acordarse los países miembros, sólo a propósito de sus muy peculiares intereses particulares.


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166279
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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