Estudió medicina en la Universidad de Nueva York, y trabajó luego en la Universidad de Michigan bajo la tutela del brillante doctor Thomas Francis, un distinguido virólogo. Obtuvo el apoyo financiero del Ejército de los Estados Unidos, que lo había contratado para desarrollar una vacuna contra la gripe destinada a los soldados de la Segunda Guerra Mundial.
Tras estos éxitos iniciales, a Salk le resultó sencillo establecer su laboratorio personal en la Universidad de Pittsburgh, en Pennsylvania, en la que ejerció de profesor.
Poco después, la Infantile Paralysis Foundation le ofreció una generosa ayuda para sus investigaciones.