Un estrecho de 16 kilómetros (10 millas) de una de las autopistas más transitadas de Estados Unidos se convirtió desde ayer prácticamente en una carretera fantasma.
La carretera interestatal 405 -una autopista que normalmente se encuentra tan congestionada que los conductores dicen en broma que su nombre es una abreviatura de “tráfico que avanza a no más de 6 u 8 kilómetros (4 o 5 millas) por hora”- permanecerá cerrada durante 53 horas para un importante proyecto de construcción que inició durante la madrugada de ayer y que evaluará si esta ciudad dependiente de los vehículos puede o no cambiar sus hábitos de manejo un fin de semana.
Los trabajadores comenzaron a cerrar sistemáticamente la vía.
Desde hace semanas, las autoridades han pedido a los conductores que eviten usar el automóvil, a menos que quieran desatar lo que han apodado como “apocalipsis vehicular” -o “Carmageddon”, en inglés.
Un embotellamiento de estas dimensiones podría causar que las filas de vehículos en la 405 se extiendan hasta calles y otras autopistas y genere un efecto que podría paralizar gran parte de Los Ángeles.
Con las alertas transmitiéndose por televisión, radio, redes sociales y anuncios en las carreteras que se extienden hasta San Francisco, los cerca de 4 millones de habitantes de Los Ángeles parecen estar listos para alejarse de las carreteras. El tránsito vespertino a la hora pico fue ligero poco antes del cierre de la autopista el viernes.