El nuevo presidente de Bolivia, Carlos Mesa, logró ayer alzar de entre sus cenizas a la ciudad de El Alto y provocó el clamor de una multitud entregada, con un emotivo discurso en el que pidió justicia para las víctimas de la represión.
La ciudad, vecina a La Paz, despertó ayer con la resaca, todavía visible, de una convulsión social que ha mantenido con el corazón en vilo a todos sus habitantes durante largas e interminables jornadas de enfrentamientos con las fuerzas del orden.
Horas intensas de tensión, odio, miedo y estallidos de violencia descontrolada que ocasionaron, en el momento de mayor intensidad, entre el domingo y el lunes pasados, la pérdida de al menos 40 vidas humanas.
Piedras y neumáticos quemados sobre el asfalto y un vagón de tren que pende oscilante de un puente, observado con terror desde abajo por los conductores a su paso por la Avenida 6 de Marzo, son los restos de las batallas libradas en la ciudad hace unos días.
Esa vía, que conecta con la autopista que une la sede de Gobierno y El Alto, es precisamente la ruta que utilizó ayer la delegación presidencial para acceder al improvisado encuentro con las juntas de vecinos, los comerciantes minoristas y otros sectores sindicales, convocado en pocas horas por iniciativa de ambas partes.
Instantes antes de la llegada de Mesa fueron vitoreados varios grupos de mineros subidos en volquetes, con ropas sucias y harapientas, que contrastaban con su orgullosa mirada, conscientes de haber logrado un cambio en su país.
Un dirigente hizo las veces de improvisado orador espoleando a un público enfervorecido, impaciente ante el arribo de su nuevo mandatario.
De pronto, un incierto silencio de escasas décimas de segundo dio paso al clamor de la multitud. A bordo de un lujoso automóvil de marca alemana llegó el presidente, escoltado por tres vehículos.
El testimonio del familiar de uno de los fallecidos en el barrio de Villa Ingenio y la entonación sin música del himno nacional de Bolivia dieron paso por fin al protagonista de la soleada mañana.
"Querido pueblo alteño: vengo ante ustedes con toda mi humildad, como uno más de ustedes", comienza, y los aplausos y las expresiones de júbilo interrumpen su discurso.
"Quiero rendir mi más profundo, mi más sincero, mi más dolido homenaje a las mujeres y hombres que, nacidos de la sangre aymara (la etnia andina) de El Alto ofrendaron esa sangre por sus ideas, por la defensa de un recurso fundamental de el país, por la democracia, por las demandas que ustedes tienen", prosiguió.
Afirmó luego que "las cosas ocurridas tienen que ser evaluados y sancionadas en función de lo que ocurrió. Aquí, mi compromiso es: ni olvido, ni venganza, justicia", sostuvo, y pidió calma a los ciudadanos para no entrar en una nueva ola de violencia.
Mesa concluyó con el grito de "jallalla (viva, en aymara) El Alto, jallalla Bolivia y jallalla la unidad".
Ciudades bolivianas despiertan
Aún persiste la desconfianza entre los sectores obreros que aseguran mantener una posición crítica.