La ex primera dama, que el martes pasado todavía se declaraba la candidata más fuerte, dio a Obama su apoyo incondicional y cambió de papel, de adversaria resuelta a aliada absoluta.
"La manera de continuar nuestra lucha ahora para cumplir los objetivos que representamos es volcar nuestra energía, nuestra pasión y todos nuestros esfuerzos para ayudar a elegir a Barack Obama como el próximo presidente de Estados Unidos", dijo ante una multitud de partidarios que atestaron el Museo Nacional de la Construcción, no lejos de la Casa Blanca que anheló ocupar como mandataria.
"Hoy (ayer), al suspender mi campaña, lo felicito por la victoria que ha obtenido y la campaña extraordinaria que ha ganado. Lo respaldo y le doy mi pleno apoyo y les pido a ustedes que se unan para trabajar por Barack Obama con tanto ahínco como lo hicieron por mí", dijo la senadora por Nueva York.
Con estas palabras y otras 13 menciones de su nombre, Clinton se alineó sin cortapisas detrás de su colega de Illinois, un fenómeno político y el primer negro que obtiene la candidatura presidencial por uno de los partidos tradicionales.
Para Hillary Clinton y sus seguidores, fue un momento de fuerte emoción, el final de una campaña extraordinaria en cuyo lanzamiento reinaba una sensación de victoria ineluctable.
Al suspender su campaña, Clinton mantiene los delegados que ha ganado, puede seguir recaudando fondos e incluso puede reanudarla si cambian las circunstancias antes de la convención. Pero no dio indicios de tener esa intención.