El estado mexicano de Colima (700 km al oeste de la capital), azotado el martes por un fuerte terremoto que dejó más de una veintena de muertos, continuaba ayer normalizando su infraestructura con la limpieza de vías, remoción de escombros y el restablecimiento de sus servicios esenciales.
La vida regresaba a la normalidad en la capital del estado, del mismo nombre, y funcionarios estatales y federales arreglaban tendidos eléctricos e inspeccionaban la estabilidad de las residencias dañadas.
Soldados recogían escombros en las calles, junto a ciudadanos que intentaban, además, salvar lo poco que les quedó. Al menos 29 personas fallecieron y 30,000 resultaron damnificadas por el terremoto de 7.6 grados Richter que el martes sacudió al oeste y centro de México, informaron ayer, fuentes oficiales.
El movimiento telúrico dejó dos muertos en el estado de Jalisco y uno en Michoacán, ambos limítrofes con Colima. Ayer, los damnificados se quejaron de que la ayuda llegara a cuentagotas.